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La deriva independentista mina la «marca España»

Los analistas extranjeros creen que Artur Mas «confunde al posible inversor y se le invita a marcharse»

Día 12/11/2012 - 18.37h
La deriva independentista mina la «marca España»
carbajo&rojo

Por si no era suficiente con los continuos ataques de la prensa anglosajona a cuenta de nuestra maltrecha economía, Artur Mas ha abierto otro boquete por el que se cuela la desconfianza de los analistas, inversores e influyentes medios internacionales. «El separatismo amenaza el futuro de España» ha sido un titular que se ha repetido indistintamente en periódicos de Estados Unidos, Reino Unido, Francia o Alemania. Y ello ha repercutido sin duda en una menor caída de lo esperado en la prima de riesgo española, lo que también perjudica notablemente a la economía y al empresariado catalán.

Lo advirtó hace casi un mes el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, empeñado en la casi imposible tarea de defender la «marca España» en el exterior: «La deriva independentista catalana debilita la deuda española». Pero lejos de levantar el acelerador, Artur Mas ha puesto velocidad de crucero a sus sueños secesionistas. La idea de que Cataluña saldría de España pero se quedaría dentro de La Unión Europea no ha colado en el extranjero. Lo resumía perfectamente un analista francés: «Para que eso fuese así, es imprescindible que el nuevo estado sea candidato (lo que no es evidente) y, sobre todo, que su adhesión sea aceptada de forma unánime por todos los miembros, España incluida».

EE.UU.: «Crea inquietud a los inversores»

La prensa de referencia de Estados Unidos ha prestado gran atención a las malas noticias económicas de España y ahora también agranda la retórica independentista del nacionalismo catalán. «Desde la Administración norteamericana nadie nos ha pedido información al respecto; saben que eso es un asunto interno de España. Pero a nivel de inversiones puede crear inquietud», manifiestan fuentes de la Embajada española en Washington.

Esto último también lo destaca Eduardo Aguirre, exembajador de EE.UU. en Madrid: las demandas independentistas «lo mínimo que hacen es confundir al posible inversor, lo máximo es preocuparlo a tal nivel que decida a irse a otro lado». Aguirre, dedicado a la consultoría de empresas, argumenta la conveniencia de que el presidente de la Generalitat sepa darse cuenta de que la urgencia del Gobierno Rajoy está en resolver la situación económica.

Ya hace un mes, el subsecretario para Europa de la Administración Obama, Philip Gordon, manifestó que EE.UU. «respalda firmemente las fronteras de cada uno de los países de la Unión Europea». Gordon, que aseguró no querer interferir en asuntos internos, respondía a un medio digital catalán que preguntó si el Pentágono estaba «preparado para desplegar una posible misión en Barcelona para asegurar unas elecciones pacíficas y libres, ante las recientes amenazas de los militares españoles de dar un golpe de Estado».

A pesar de las gestiones realizadas desde varias instancias, el «New York Times» se ha negado a publicar una réplica al artículo que incluyó en sus páginas de opinión, firmado por dos periodistas catalanes, defendiendo las posiciones de la Generalitat.

Reino Unido: «¿Qué va a pasar con ese país?»

Cuando la prima de riesgo parecía estabilizada en niveles sostenibles y la auditoría internacional de la banca española aplacaba los temores a un agujero negro bancario, la convocatoria de elecciones en Cataluña y la asunción de la reivindicación independentista por el presidente de la Generalitat ha devuelto el esfuerzo exterior del gobierno español a la casilla de salida.

En las últimas semanas, han visitado Londres el ministro de Economía, Luis de Guindos, el de Exteriores, José Manuel García-Margallo, o el secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz. Y todos han tenido que hacer frente a una urgente pregunta de inversores, representantes políticos y periodistas británicos: ¿Corre España el riesgo de romperse? Con el país inmerso en pleno debate sobre el referéndum de independencia escocés, la cuestión territorial española y el reto nacionalista han generado una avalancha de titulares en un diario como el «Financial Times». «La crisis del euro aviva el separatismo». «El debate sobre la secesión de Cataluña se calienta». «El separatismo amenaza el futuro de España». «La crisis separatista acumula el dolor en España».

«No sabemos qué va a pasar con el país», explica a ABC un empleado de la City. Las empresas españolas instaladas en el Reino Unido, los miles de trabajadores españoles del sector financiero londinense o las galerías de arte que intentan conquistar el mercado británico se enfrentan a preguntas sobre la viabilidad de España como proyecto nacional de británicos alarmados especialmente por la vehemencia que adquiere el debate en España. Muy diferente a los términos pragmáticos del referéndum escocés de 2014.

Alemania: «La crisis impulsa a los separatistas»

Una mirada transversal a los diarios y semanarios alemanes, que en general son los que forman la opinión pública en este país, desvela un profundo desconocimiento de la diversidad cultural española. Los planes independentistas de Cataluña han dado pie a una serie de artículos que, más allá de explicar la contingencia, informan sobre las especificidades de las regiones de España, especialmente Galicia, el País Vasco o Cataluña, así como recuerdan la estructura administrativa de España. En este sentido los medios han sido informativos especialmente después de la Diada, en la que la palabra «Katalonien» (Cataluña) salta de la nada a conquistar todo el espectro mediático alemán, desde la televisión pública ARD hasta los cuatro diarios serios de mayor tirada.

Artículos más de fondo o de opinión unen crisis económica y separatismo, pero evitan referirse exclusivamente al caso catalán y son en general alineados al resto de regiones europeas que históricamente buscan mayor autonomía: Flandes, Escocia, Irlanda del Norte, Südtirol, etc. Finalmente, la tendencia es asociarlos a la crisis: «La crisis de deuda impulsa a los separatistas» tituló la semana pasada un reportaje de la influyente revista semanal «Der Spiegel». Sin que se vaya desarrollando una nueva imagen de España, el ciudadano de a pie circula paralelamente tanto con una idea tradicional como con una más compleja y diversa, y ve el separatismo catalán con distancia y como un síntoma natural de la crisis.

Francia: «Oportunismo y egoísmo regional»

Francia estima que el debate secesionista catalán es muy nocivo para Cataluña, para España y para Europa, una suerte de callejón sin salida, oportunista y peligroso, ya que complicará y hará más larga la salida de la crisis económica. Daniel Cohn-Bendit publica en el semanario «Le Nouvel-Observateur» un comentario titulado «Los peligros del nacional regionalismo», que concluye de este modo: «Que las regiones hagan lo que quieran, en el marco de una solidaridad acrecentada entre todas las regiones que componen la Unión Europea: pero no en nombre de un egoísmo nacional regionalista profundamente oportunista».

Pierre Rousselin subraya en «Le Figaro» la doble dimensión estatal y europea de la cuestión, insistiendo en que es el Estado español quien dice sí o no a la pertenencia «estatal» de Cataluña a la UE. Y Pierre Beyleau publica en el semanario «Le Point» un artículo titulado «La plaga regionalista», en el que subraya la «contradicción» económica catalana: reclamar la independencia, cuando se tiene la credibilidad internacional del bono basura y se necesita pedir socorro mensualmente a Madrid: «Cataluña ya dispone de una autonomía considerable, pero pone el cazo de la limosna al Estado central para salir de la crisis. Al mismo tiempo que reclama la independencia, es incapaz de asumir financieramente sus problemas propios».

Esos comentarios resumen bastante bien la opinión de la inmensa mayoría de las fuerzas políticas, sociales y culturales. A la izquierda, el gobierno de François Hollande tiene una visión muy jacobina, centralista e institucional de las relaciones políticas: impensable aceptar decisiones políticas fuera del margen institucional más estricto. A la derecha, el patriotismo estatal / nacional es sencillamente incompatible con la vida política regional, ni siquiera en Francia, claro está.

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