Economía

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La lenta erosión de la clase media

La prolongación de la crisis impone duros cambios en los estilos de vida de colectivos hasta ahora inmunes

Día 22/10/2012 - 09.10h

Han pasado casi cinco años desde que España creció por última vez. Tanto en términos económicos, como de empleo. A los que hay que sumar otros tantos que, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), tardaremos en recuperarlo de nuevo. Una aunténtica travesía por el desierto que comenzó afectando a los colectivos más vulnerables de la sociedad, pero que ya ha impactado en clases de la población que hasta hace bien poco parecían inmunes. Falta de crecimiento es sinónimo de poco empleo y mucho paro, de sueldos bajos y estancados, de recaudación fiscal débil, y por tanto, déficits casi perennes, de menor calidad de los servicios públicos y de ausencia de perspectivas profesionales para los jóvenes. En definitiva, de cambios en las condiciones, estilos y calidad de vida.

La merma en la renta de la que disponen los hogares (un 3,2% menos en términos interanulaes en junio de 2012 según el INE) es quizá el indicador más claro, pero no es el único. Al fuerte ajuste del mercado de trabajo, que suma ya casi 5,7 millones de parados según la última Encuesta de Población Activa, hay que sumar las medidas de consolidación fiscal puestas en marcha por el Gobierno para poder cumplir con el déficit acordado con Bruselas.

La subida de impuestos ha supuesto un importante mordisco a la renta de los millones de asalariados españoles. Según los cálculos de los Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha), el alza del IRPF puesta en marcha a comienzos de año ha restado 222 euros de media a la nómina anual. En cuanto a la subida del IVA, que entró en vigor el pasado mes de septiembre, tendrá un coste de entre 94,9 y 1.370 euros al año, según una estimación de la Fundación de Cajas de Ahorros.

También la moderación salarial, reclamada a España insistentemente por todos los organismos internacionales al comienzo de la crisis, ha terminado por entrar en juego y, hoy, los asalariados pierden poder adquisitivo mes a mes como no lo habían hecho desde hace décadas. Según los datos del mes de septiembre publicados por el Ministerio de Empleo, los salarios pactados en convenios crecieron un 1,3%. En paralelo, los precios aumentaron un 3,4%, casi el triple.

La otra vertiente de los ajustes para cumplir con el déficit viene con el encarecimiento de los servicios públicos y con polémicas medidas como el copago sanitario. «Aquí es el momento de hacer una reflexión. La caída de la recaudación ha hecho que en España tengamos una presión fiscal como la de EE.UU. y con estos ingresos no se puede mantener un Estado del Bienestar a la europea. La diferencia entre lo que realmente recaudamos y el Estado del Bienestar que tenemos es la causa de nuestro déficit estructural», asegura Jose Ignacio Conde-Ruiz, subdirector de Fedea y profesor titular de la Universidad Complutense.

Aunque los políticos han querido consolidar el Estado del Bienestar como la línea roja que nunca se podría traspasar, la crisis ha terminado por demostrar que, en estos tiempos, no hay pilares inquebrantables. «Como sociedad tenemos que decidir si pagamos más impuestos o unos precios públicos mas altos, o bien si tenemos un Estado del Bienestar menos generoso. Ambas cosas –impuestos bajos y Estado del Bienestar generoso– son imposibles», concluye Conde-Ruiz.

Y no queda mucho tiempo para aplazar el debate. La pertinaz sequía económica está teniendo un impacto claro en el ahorro de los españoles. Aunque durante los primeros años de la crisis las familias comenzaron a ahorrar por la sobrevenida incertidumbre, el peso del tiempo les ha obligado a tirar de ese colchón. Según los últimos datos del INE, la tasa de ahorro de los hogares supone hasta junio el 12,1% de su renta disponible, lo que supone una caída de casi el 3% con respecto al mismo periodo de 2011. Si se toman como referencia los últimos cuatro trimestres, la proporción se reduce al 9,6% de la renta disponible, ocho décimas menos.

«Los hogares se han quedado sin margen de ahorro», explica Sara Baliña, responsable de Análisis Económico y del Servicio de Asesoramiento sobre Consumo y Hogares de Afi. De hecho, casi el 36% de las familias españolas afirma que no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos, según la última Encuesta de Condiciones de Vida del INE. Esto es, España se ha convertido en un país en el que uno de cada cuatro hogares manifiesta llegar a fin de mes con dificultad o mucha dificultad.

«Además, las expectativas de tener una menor renta en el futuro están ocasionando cambios muy profundos en los patrones de gasto de los ciudadanos. Se aplaza el desembolso en todo aquello que pueda ser prescindible, como la ropa y el calzado o el ocio, y se percibe una preferencia clara por lo "low cost"», añade Baliña.

El pequeño comercio, el más castigado por esta nueva rutina de los hogares, da buen ejemplo de ello. Los índices de comercio al por menor elaborado por el INE muestran que, hasta agosto (cuando las ventas cayeron un 2%), las grandes cadenas de alimentación fueron el único modo de distribución que aumentó sus ventas (el 0,2%). Las pequeñas cadenas sufrieron en el mismo mes una caída del 4,5%. Establecimientos a parte, la tendencia es clara: en los ocho primeros meses del año, la media de las ventas acumula una variación negativa en todos los modos de distribución.

«Precisamente, las pymes, el grueso de la masa empresarial de España, son el mayor exponente de las clases medias de un país. Sólo hay que analizar el cierre de pequeñas y medianas empresas para comprender la profundidad del problema», asegura Juan Velarde, catedrádito emérito de la Universidad Complutense de Madrid. Según el INE, solo en el mes de agosto el número de sociedades mercantiles disueltas ascendió a 1.300, casi un 20% más que el año anterior.

Pero las consecuencias de esta erosión van más allá de lo económico. «No solo los patrones de consumo, también los de movilidad laboral e incluso los relacionales están en fase de cambio», asegura Baliña. Occidente debe su prosperidad a muchos factores y, entre ellos, a la generalización de una clase media. «Son la base de la democracia, del bienestar y del buen funcionamiento de los Estados», afirma Velarde. «No obstante –puntualiza el catedrático– hay que tener en cuenta que en España hubo un ascenso muy rápido de estas clases. Familias que en la generación anterior eran "pobres", gozaron hasta 2007 de una situación holgada. Ahora estamos en pleno choque».

Y aunque nadie se aventura a predecir a donde nos llevará, lo que sí está claro es que cuando la crisis al fin entre en su recta final, serán muy pocos los países que puedan presumir de haber mantenido la calidad de vida previa a 2008.

Jóvenes sin trabajo hoy, la clase media del futuro

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