ENERGIAS RENOVABLES / ENERGÍA

«Fracking»: la nueva frontera del gas

España busca explotar recursos no convencionales, como el gas pizarra, aunque la técnica para hacerlo genera polémica

Día 13/10/2012 - 04.26h

No es de extrañar que la búsqueda de depósitos no convencionales de gas haya revolucionado el mundo de la energía. Antes, cuando sólo era posible extraer gas natural de sus depósitos convencionales, cuatro países (Rusia, Irán, Qatar y Turkmenistán) acaparaban casi el 70% de la producción mundial. Hasta ahora, Rusia ha estado exportando gas a Europa y otros países a 10 dólares por unidad, pero gracias a las explotaciones no convencionales, procedentes de suelos de pizarra o esquisto, el precio en Estados Unidos de esta misma cantidad de gas es ahora de 3 dólares.

En España, la exploración para valorar la viabilidad de algunos proyectos está prosperando, principalmente en el norte: Castilla y León, La Rioja, País Vasco y Cantabria. Alicia Arenillas, del Departamento de Investigación en Recursos Geológicos del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), confirma este «repunte de las solicitudes de exploración en España por parte de empresas públicas y privadas, tal y como demuestran las 45 solicitudes de permisos de investigación presentadas ante el Ministerio de Industria durante el año 2011 teniendo en cuenta que la media de solicitudes anuales era de 15 por año».

Potencialmente, el gas extraído de depósitos no convencionales podría ser una energía de transición menos contaminante, más económica y más diversificada. La fracturación hidráulica o «fracking» es la técnica que se emplea hoy en 9 de cada 10 pozos de gas natural en Estados Unidos. Consiste en un sondeo vertical con una o más ramificaciones horizontales, por donde se inyecta agua a presión, mezclada con arena y productos químicos, para abrir la roca y liberar el gas natural atrapado en ella.

La incertidumbre de la ciencia disponible actualmente sobre el «fracking» y su creciente relevancia en el sector energético inflaman el debate.

Pese a que existen diversos estudios que respaldan la seguridad del «fracking», siempre y cuando se tomen las precauciones adecuadas, la técnica cuenta con la oposición frontal de los ecologistas y de algunos científicos. También existen casos en los que se ha registrado contaminación de aguas superficiales (en Wyoming o Pennsylvania) o pequeños terremotos (cerca de Dallas, Texas), siempre en zonas próximas a prospecciones de este tipo. «En Estados Unidos, país pionero en el desarrollo de estas técnicas, la legislación es bastante menos restrictiva que la europea, por lo que se han llevado a cabo algunas experiencias no muy afortunadas», dice Arenillas. «En España, y en Europa en general, con el contexto legislativo vigente, creo que sería imposible que casos como esos llegaran a suceder».

Aunque financiado parcialmente por empresas del sector de los hidrocarburos, el estudio realizado por el Massachusetts Institute of Technology (MIT) sobre el futuro del gas es uno de los más citados hasta la fecha. Este informe afirma que sustituir el carbón por gas natural, incrementando el uso de las centrales existentes de ciclo combinado, es una oportunidad «relativamente low-cost y a corto plazo, para reducir hasta en un 20% las emisiones de CO2 del sector energético en Estados Unidos, reduciendo también las emisiones de mercurio y otros contaminantes».

Riesgo para el agua

El estudio también habla de los riesgos, ya que, aunque no existe evidencia de que la fracturación o los líquidos empleados lleguen a contaminar acuíferos o aguas superficiales, sí ha habido casos en los que el gas natural ha migrado -por cauces naturales- hacia zonas de agua dulce, puede que a consecuencia de la fracturación. Los científicos del MIT apuntan a que estas preocupaciones son especialmente agudas «en regiones que no han experimentado previamente el desarrollo de gas o petróleo a gran escala […] y carecen de una infraestructura sub-superficial bien desarrollada para desechar el agua».

En enero de este año, el Gobierno Vasco estimó en 30.000 millones de euros el valor del gas no convencional del yacimiento de Álava, promovido por el Ente Vasco de la Energía a través de la empresa pública Sociedad de Hidrocarburos de Euskadi y por la empresa Trofagás Hidrocarburos, perteneciente a la multinacional BNK Petroleum Inc. Pese a ser uno de los primeros intentos en España de prospección de gas natural desde depósitos no convencionales, los proyectos han ido pasando sin mayores problemas por los trámites legales requeridos.

Tal y como requiere el Anexo II del RD L1/2008 (pdf), la Sociedad de Hidrocarburos de Euskadi presentó una Memoria Ambiental para la solicitud de sometimiento del proyecto de perforación del pozo ENARA-4 para exploración de hidrocarburos a una Evaluación de Impacto Ambiental. En noviembre de 2011, la Secretaría de Estado de Cambio Climático decidió no someter este proyecto a evaluación, ya que «cumpliendo los requisitos ambientales que se desprenden de la presente resolución, no es previsible que vaya a producir impactos adversos significativos». Lo mismo ha ocurrido en el pasado, por ejemplo, en 2009 con otros dos proyectos de «fracking», llamados VIURA-1 y VIURA-2, localizados en La Rioja.

Oposición ecologista

Ninguna de las organizaciones ecologistas consultadas (entre ellas, Greenpeace, SEO, Ecologistas en Acción o WWF) puso alegaciones a estos proyectos. Raquel Montón, de Greenpeace, explica al respecto que «no somos una administración del Estado, somos una organización ambiental con unos recursos humanos limitados. En el área de Energía recibimos todo tipo de proyectos, de compañías eléctricas por ejemplo, porque es su obligación presentarlo a participación pública. A veces recibimos esta información sin posibilidad de alegar, por el plazo de tiempo o por falta de recursos. Imagino que lo mismo le ocurrirá a muchísimas organizaciones ambientales». Pero en este caso, el Gobierno Vasco bien pudo interpretar el silencio de los ecologistas como un apoyo al proyecto. «Detrás de una no-respuesta puede haber muchas causas, pero no es por falta de interés: nos oponemos totalmente al "fracking"», dice Montón.

ABC contactó con el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente pero sus técnicos prefirieron no pronunciarse al respecto, ya que las concesiones de estas explotaciones de «fracking» son competencia del Ministerio de Industria, Turismo y Energía.

Las explotaciones de «fracking» necesitan también un gran volumen de agua para inyectar en el subsuelo. Según un informe del Departamento de Energía de Estados Unidos, la cantidad de agua requerida para perforar y fracturar un pozo de gas de pizarra está entre 7 y 15 millones de litros, dependiendo de su tamaño y características. Para el sondeo ENARA-4 de Vitoria, de 5.200 metros de profundidad, el promotor propuso captar agua del río Zalla, situado a 750 metros del pozo y hábitat de especies amenazadas o en peligro de extinción como el visón europeo (Mustela lutreola), la nutria paleártica (Lutra lutra), el aguilucho cenizo (Circus pygargus), la rana ágil (Rana dalmatita) o el sapo corredor (Bufo calamita). Finalmente, la resolución fue aprobada por la Secretaría de Estado de Cambio Climático con el añadido de que la captación de aguas en el río Zalla sería provisional -no se detallaba, sin embargo, de dónde extraerían el agua tras esta provisionalidad.

El proyecto alavés es transparente en cuanto a las sustancias químicas que se inyectan con el agua. Además de sustancias inocuas, incluyen productos tóxicos como hidróxido de sodio o hidróxido de potasio que «debido a su alta alcalinidad, se debe evitar que contamine las aguas subterráneas», además de dos polímeros, POLIVIS y POLIVIS PW9, utilizados como espesantes y lubricante AVAGREEN LUBE. También citan el carbonato sódico, con el que aconsejan «no contaminar aguas superficiales». La industria defiende que este tipo de productos supone menos del 2% del material inyectado en el pozo y que la posibilidad de que las filtraciones ascendentes llegaran al acuífero de Subijana (a unos 500 metros bajo tierra) es virtualmente imposible, ya que «aunque cualquier explotación conlleva un riesgo inherente, la experiencia dice que la diferencia entre la profundidad a la que encuentra la formación almacén y el acuífero es mucho mayor que la distancia máxima de propagación de las fisuras que pudieran ocasionarse como consecuencia de las técnicas de fracturación hidraúlica», dice Arenillas.

Cumplir los requisitos

El proyecto de investigación ENARA-4 se encuentra paralizado a la espera de que los tribunales se pronuncien sobre el recurso interpuesto por el Ayuntamiento de Vitoria a la decisión de prescindir de la Evaluación de Impacto Ambiental. Hace unos días, la Confederación Hidrográfica del Cantábrico también señaló «lagunas» en el informe del proyecto Viñón-1, presentado por la sociedad Petroleum Oil & Gas para investigar la posibilidad de extraer gas mediante «fracking» cerca de Villaviciosa, Cantabria.

Recientemente, el lehendakari Patxi López afirmó que «no habrá extracción si no se cumplen todos los requisitos medioambientales» pero quizá la pregunta no sea tanto si los proyectos de "fracking" en España cumplen la legislación. Más bien, si las actuales leyes españolas están capacitadas para regular una técnica novedosa y potencialmente peligrosa como ésta. Esa es también la pregunta que planteaba el informe solicitado en 2011 por la Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo. «La legislación minera vigente en Europa y los reglamentos aplicables a las actividades mineras no tienen en cuenta los aspectos específicos de la fracturación hidráulica», dice una de las conclusiones. «Un requisito previo para esa revisión sería hacer obligatorio un análisis de ciclo de vida de los nuevos proyectos que incluya un análisis de impacto medioambiental».

La investigadora del IGME opina, por el contrario, que la legislación actual «cubre todos los aspectos que deben tenerse en cuenta para el desarrollo de estas experiencias, lo importante es que se cumpla. No obstante, el tiempo y las experiencias futuras serán las que nos indiquen la conveniencia o no de cambiar o incluir alguna especificación. La postura del centro es no cerrar las puertas a la investigación de recursos no convencionales, no sólo de gas de pizarra sino de otros como gas apretado o el metano de capas de carbón. «Debemos conocer el potencial para decidir más tarde si damos paso o no a la explotación», afirma.

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