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El Congreso de Racionalización de Horarios propone regresar al huso de Greenwich

La experta Nuria Chinchilla estima que la medida, unida a un almuerzo más breve, supone hora y media más de vida personal

Día 09/10/2012 - 14.38h
El Congreso de Racionalización de Horarios propone regresar al huso de Greenwich
AsoCIACIÓN PARA LA RACIONALIZACIÓN DE LOS HORARIOS ESPAÑOLES

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La profesora y directora del Centro Internacional Trabajo y Familia del IESE, Nuria Chinchilla, ha propuesto este martes, en la conferencia inaugural del VII Congreso Nacional para Racionalizar los Horarios Españoles, adoptar el huso de Greenwich, es decir, retrasar los relojes una hora. Esta medida -que tiene «coste cero», según recalcó Chinchilla-, unida a una pausa más breve para el almuerzo, puede suponer ganar una hora y media al día para la vida personal.

Pese a que el Meridiano de Greenwich atraviesa España a la altura de Castellón, nuestro país adoptó el 2 de mayo de 1942 el horario de Europa central y, desde entonces, está en el «huso equivocado», explicó la experta en su conferencia.

El «estropicio» se remonta a un par de años antes, cuando los nazis invadieron Francia e impusieron su huso horario a este país, con el que hasta entonces Alemania tenía una hora de diferencia. España y Gran Bretaña se sumaron después a ese horario europeo central, pero mientras los británicos regresaron en 1945 al huso europeo occidental, los españoles permanecimos en el mismo que Francia y Alemania.

Ello hace que España esté desubicada respecto a su hora solar. Geográficamente, se encuentra muy lejos de Europa central, de modo que en Levante hay una hora de diferencia con respecto a lo que le correspondería en invierno y dos en verano, y que en Galicia llegue a haber hasta dos en invierno y tres en verano.

Esto condiciona los horarios que los españoles adoptamos a lo largo de la jornada. En este sentido, almorzamos más tarde que el resto de los europeos, ya que damos más importancia a la hora solar. Es decir, comemos a la una, según la hora solar, pero a las dos según la hora oficial de invierno y a las tres según la de verano. Y lo mismo con las cenas: lo hacemos a las ocho, según la hora solar, pero a las nueve según la oficial de invierno y a las diez según la de verano.

Si comemos a las dos o tres de la tarde y cenamos a las nueve o diez, lo lógico sería que empezáramos a trabajar a las diez u once de la mañana. Según la experta en racionalización de horarios, eso no sucede y, en cambio, «madrugamos demasiado, dormimos 50 minutos menos de lo recomendado por la OMS, no alargamos la jornada por la tarde, ¡sino por la mañana!, y nuestra jornada laboral resulta interminable».

Lo lógico sería, según Nuria Chichilla, que en las dos únicas fechas del año en que el día y la noche tienen la misma duración, el 21 de marzo y el 21 de septiembre, el sol se levante a las seis de la mañana y se ponga a las seis de la tarde. Pero en España vamos con una hora de desfase, de modo que, en esos días, a las siete de la tarde en Castellón es de día, mientras que en Praga o Nápoles, donde rige el mismo huso horario, ya ha anochecido.

Además de la desubicación en el huso horario, la actual distribución del tiempo de los españoles tiene otra razón histórica: el pluriempleo al que se vieron abocados muchos ciudadanos en la posguerra, que obligaba a tener un trabajo completo por la mañana, hasta las dos de la tarde, y otro por la tarde, hasta entrada la noche.

«Bastarían 45 minutos para almorzar»

Pero ahora que no hay pluriempleo, señala Chinchilla, «dedicamos dos horas al almuerzo, cuando bastarían 45 minutos»; hay una cultura del presentismo en el trabajo que es «tercermundista» y una «mentalidad machista» que hace que el varón no se presente en casa temprano y que ser madre requiera renunciar al propio desarrollo profesional.

Por todo ello, propone que el Gobierno apruebe por decreto el cambio al huso de Greenwich aprovechando el próximo cambio al horario de verano, de modo que los relojes no cambien. Pero también considera que se deben adelantar una hora acontecimientos socialmente relevantes, como los telediarios o los partidos de fútbol, y fomentar la jornada continua, suprimiendo el desayuno de media mañana y reduciendo el almuerzo a una hora como máximo, entre otras medidas.

Ello supondría desplazar una hora y media del ámbito laboral al personal, lo que supone dos semanas al año y un 10% del tiempo que permanecemos despiertos. Entre otras ventajas, destaca que generaría mayor productividad, permitiría conciliar la vida laboral y personal, reduciría el fracaso escolar y los accidentes laborales y de tráfico, además de mejorar el descanso y la salud.

Y frente a los que puedan mostrarse críticos y piensen que podemos ir desfasados en el horario con el resto de europeos, señala que en la actualidad ya lo estamos, porque «cuando ellos comen los españoles trabajamos», y viceversa, y recuerda que en Estados Unidos tienen hasta siete husos distintos desde Puerto Rico hasta Hawái.

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