BIODIVERSIDAD

Rapaces contra las plagas de topillos

El control biológico supone una medida más económica y ecológica que el empleo de veneno o la quema de linderas

Día 30/09/2012 - 04.47h
GREFA
Grefa, con la ayuda de la Fundación Biodiversidad, instala, desde 2009, nidos artificiales para cernícalos y lechuzas en municipios de Castilla y León
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El topillo puede empezar a reproducirse a partir de su segunda semana de vida
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Se han documentado densidades de hasta mil topillos por hectárea en Castilla y León en algún momento

La plaga de topillos que sufrió Castilla y León en 2007 supuso la liberación de toneladas de rodenticidas al medio natural. Desde entonces, algunas regiones de la comunidad emplean este tipo de químicos cada dos años como mecanismo de protección para sus cultivos.

«El elevado coste económico y ambiental del uso de rodenticidas sugiere el desarrollo de nuevas alternativas», apuntan desde la organización conservacionista Grefa (Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat).

Grefa comenzó a poner nidales artificiales para cernícalo vulgar y lechuza común, rapaces depredadoras de topillos, en distintos municipios castellanoleoneses en 2009. En la actualidad, hay un centenar de ellos en Villalar de los Comuneros (Valladolid), Boada de Campos (Palencia) y San Martín de Valderduey (Zamora).

Este año (y hasta 2013) se sumarán 50 cajas-nido más en Medina del Campo, Rueda, Nava del Rey (Valladolid) y El Oso (Ávila). «Los Ayuntamientos y las Cámaras Agrarias, que disponen de las herramientas necesarias, asumirán el gasto de la instalación», explica Alfonso Paz, coordinador del proyecto.

El programa «Control Biológico de Plagas de Topillos» cuenta con la financiación de la Fundación Biodiversidad, dependiente del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

Rapaces contra las plagas de topillos
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«La eficacia de los rodenticidas desaparece a los pocos días. Sin embargo, con un mantenimiento adecuado, los nidales pueden servir de refugio a los cernícalos y lechuzas hasta dos décadas», comenta el biólogo.

Las observaciones realizadas hasta ahora en las tres primeras áreas de estudio indican que ha aumentado el número de parejas de cernícalos y lechuzas que se han asentado en las zonas que Grefa ha saturado de nidos. Parejas procedentes de otras demarcaciones también han ocupado los huecos disponibles. Y entre todas, han sacado adelante una buena cantidad de pollos, asegura Paz.

«Se registrará una cifra mayor de rapaces cuanta mayor disponibilidad de alimentos haya. Cada tres o cinco años se produce una explosión demográfica ciclíca de topillos». Las lechuzas solo cazan roedores; los cernícalos, en cambio, resultan más polivalentes: si no otean suficientes topillos -imprescindibles en su dieta durante la época de cría- pueden comer aves pequeñas, insectos y reptiles.

Pánico = medidas drásticas

Varias organizaciones denunciaron en febrero la quema autorizada por la Junta de Castilla y León de cunetas, linderas, parcelas y desagües para combatir una plaga de topillos. «La quema superficial no los afecta, ya que viven en el subsuelo, pero entraña riesgos como los incendios o la erosión del suelo», señalaron desde SEO/BirdLife, WWF, Ecologistas en Acción, Acenva, la Asociación de Naturalistas Palentinos, la Asociación para la Conservación y Estudio del Lobo Ibérico, Colectivo Azálvaro, Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica.

Valerse de rodenticidas tampoco supone un acierto. «El veneno no se deposita en la madriguera, sino que se distribuye por el campo en forma de grano, originando la intoxicación de especies granívoras a las que no iba dirigido», manifiesta Paz.

Algunos químicos, para más inri, persisten en los tejidos de los vertebrados meses después de su ingesta. «Al ser anticoagulantes -como la bromadiolona, p.ej.- su dosis letal no surte efecto de inmediato, posibilitando una transferencia trófica hacia los carroñeros, jabalíes, zorros o animales domésticos que devoran los topillos contaminados».

Rapaces contra las plagas de topillos
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Un «deteriorado» campo de alfalfa

«Cuando un campesino detecta la presencia populosa de topillos es muy tarde, le entra el pánico y exige medidas drásticas a la Administración». Sin embargo, hay que pensar en el despliegue de una actuación integral que conserve el patrimonio natural, evite daños al sector cinegético y aumente la productividad agrícola.

El plan de control biológico que han lanzado Grefa y la Fundación Biodiversidad tendría que ir acompañado de más inversión en compensaciones a los agricultores. «Para que puedan realizar arados de vertedera en profundidad o inundar sus parcelas en cuanto observen un volumen inusitado de topillos e impedir que éstos se trasladen a otros cultivos», opina Paz.

Mitos y leyendas

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