Libros / libros de vino y rosas

«Robespierre. Una vida revolucionaria»

Día 26/09/2012 - 17.24h

Peter McPhee. Ed. Península. Traducción: Ricardo García Pérez. 464 páginas. 29,50 €.

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Robespierre, en un retrato algo anterior a la Revolución

Pasar a la Historia no es una tarea sencilla y cada cual está en su derecho de intentarlo como pueda. Pero hacerlo con el sambenito más o menos cierto de ser uno de los peores tipos que han pasado por el planeta es otra cuestión. Para muchos, uno de los más malos de la especie a la que llamamos humana, un asesino impasible.

Quizá todo se debiera a que todas las mañanas hacía llegar hasta su casa un barbero que le atusase y a lo mejor fue así cuando Robespierre le cogió el gusto a las cuchillas, hasta el punto de que para muchos de sus conciudadanos de entonces y de siempre le tuvieron por el mejor afilador del reino, el auténtico número uno de la guillotina, mientras que otros, también de entonces y de siempre, consideraron al abogado de Arrás el verdadero mito de la Revolución Francesa, el auténtico patriarca, el Incorruptible de aquellos días tricolores.

Y algo de luz viene a arrojar sobre la vida del revolucionario esta biografía. Para empezar, que empieza por el principio. Es decir, dedicando medio libro a la infancia y la juventud de Robespierre. El biógrafo (hay que recordar la atinada traducción) nos habla de un muchacho nacido fuera del matrimonio, huérfano de madre (el padre aprovechó la muerte de su esposa para enloquecer) desde los seis años, criado con sus tías y sus hermanas. Un niño casi prodigio que será becado y pasará media vida en París, estudiando como un poseso, sacando las mejores notas, recibiendo premios, hasta licenciarse en la Sorbona y ser considerado uno de los mejores abogados jóvenes de su tiempo.

De vuelta a su tierra natal, Robespierre ya se ha metido en vena la obra completa de Rousseau, y en lugar de buscarse la vida y unos cuantos puñados de francos se dedica a «defender a los pobres» y casi hasta se convierte en leguleyo del diablo. Escribe artículos, es miembro destacado de los clubes literarios, y en su interior (apenas uno sesenta de altura, viruloso, con un tic infernal en un ojo) crece el rebelde que se convertirá en uno de los diputados de su terruño en los Estados Generales.

Jacobino de pro (la izquierda de la asamblea multitudinaria) Robespierre, sin ocupar nunca una posición preponderante, sí que se hizo oír como uno de los defensores de los cambios y en un faro dispuesto a señalar a cuanto «traidor» quisiera acabar con la Revolución y con la nueva República.

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Portada del libro

Robespierre era algo más que un ilustrado, y sus ideas sobre la mujer, sobre la esclavitud, sobre el trabajo, sobre los salarios, sobre la justicia, sobre la libertad, le sitúan más cerca de los primeros socialistas o como poco de una democracia radical que de los hombres que redactaron la Enciclopedia.

¿Idealista? ¿Iluso soñador? ¿Mártir de la revolución? ¿Asesino? ¿Genocida? El caso es que su llegada al poder (que más parece una casualidad que otra cosa) coincide con el uso sistemático y al borde del colapso de la guillotina que también acabaría sobre su cuello el 28 de julio de 1794. Fueron los Años del Terror (1792-1794) y en buena medida Robespierre ha pasado siempre a la Historia por ellos. Pero quién sabe, quizá valga mejor recordarle como aquel huérfano de provincias al que solo le gustaba estudiar. Un niño prodigio que soñaba con cambiar el mundo.

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NATIVIDAD PULIDO Es uno de los artistas más singulares del Renacimiento español. Se dedicó exclusivamente a la pintura religiosa, pero fue tremendamente original

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