Toledo

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Un trago en la catedral de Toledo

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Un elemento emblemático de Toledo es su catedral. Su construcción, que se prolongó durante tres siglos, llegó a constituir una especie de ciudad dentro de la Ciudad Imperial.

Día 17/09/2012

Un elemento emblemático de Toledo es su catedral. Su construcción, que se prolongó durante tres siglos, llegó a constituir una especie de ciudad dentro de la Ciudad Imperial. Desde un punto de vista religioso se consideró a Toledo como la Sede Primada de la Iglesia Católica en España, es decir, que el arzobispo de Toledo tenía una primacía dentro de la iglesia española. Ahora este título tiene un carácter testimonial, una vez que el concilio Vaticano II sustituyó la noción de primado por la noción colegial de los obispos que se expresa en las conferencias episcopales. La similitud de Toledo con Roma ya no es sólo por las colinas sobre las que está asentada (dicen que doce), sino también por esa primacía religiosa, que en Roma alcanza su máxima expresión como sede del Papado.

Existe una novela en la que la catedral de Toledo aparece con un especial protagonismo. Nos referimos a la novela La Catedral de Vicente Blasco Ibáñez, que apareció en 1903. Es un buen testimonio sobre la Catedral (o la Giganta, como él la denomina) a primeros del siglo veinte. Destacan sobre todo la descripción de las Claverías o el claustro alto, donde viven muchos de los personajes (el campanero, costureras, zapateros, parientes de canónigos, etc) que desempeñan un papel relevante en la novela.

Esta novela ayuda a conocer muchos aspectos de la catedral de esa época y también del mundo de los canónigos (el cardenal Cisneros quiso que vivieran en el claustro, como si estuvieran en un convento, pero, claro, no lo consiguió). La novela es muy interesante (se habla de las festividades, del frío y las escenas que aparecen en el coro, de los mendigos que se ponían en la puerta del Mollete, de los guardianes nocturnos con perros, de los espacios que hay en las bóvedas, del lugar donde se guardan los gigantones, de las papeletas que se vendían para visitar la catedral -de color verde, rojo o blanco según la parte que se visitaba-, de los libros de música con las páginas, ay, arrancadas, etc.) Pero la novela, en la que hay algunos datos erróneos, está lastrada por una feroz visión anticlerical y por una idílica noción anarquista del personaje principal. En el libro se critica a los canónigos, la riqueza de la catedral (cuyo territorio era más grande que el de un principado gracias a las donaciones y las herencias) y se saca a relucir el viejo debate de la fe y la razón, oponiéndola frente al avance de la ciencia; debate que, aunque viejo, sigue hoy vigente en algunos ámbitos de la sociedad.

También se hace una crítica mordaz a la visión políticamente correcta que se ha ofrecido de la historia de España. Blasco Ibáñez critica la historia que se ofrece en muchos manuales y se ofrece también una visión muy dura de la historia de la Iglesia a través del mandato de los obispos. En el fondo se trata de evidenciar que la ideología constituye una lupa para mirar los hechos desde un punto de vista determinado. Que la historia neutral no existe, porque siempre es contada por alguien.

Y quizá sea cierto eso de que no existe esa anhelada historia neutral, pero lo cierto es que quienes critican a los que cuentan la historia desde un determinado punto de vista, a menudo cometen el mismo pecado, pues también éstos la narran desde el suyo propio; en definitiva, el hombre es en buena medida pura subjetividad por mucho que a veces nos empeñemos en vestir de racionalidad lo que no deja de ser una particular visión de unos determinados hechos.

Este verano la Catedral, como todos los años, ha sido un hervidero de turistas que vienen a disfrutar de su monumentalidad. También muchos toledanos nos hemos acercado a ella, sobre todo con motivo de la festividad de la patrona, la Virgen del Sagrario. Y hemos cumplimentado nuestra tradición de echar un trago del agua de la Virgen. Sobre este particular queríamos señalar dos cosas: 1.- Los botijos son de pitorro ancho y el trago, por tanto, debe ser brevísimo. Sería deseable, para poder dar un trago como Dios manda- nunca mejor dicho-, que esos botijos tuvieran un pitorro más estrecho. O al menos conjugar los botijos de pitorro grande con los de pitorro estrecho, pensando sobretodo en los niños o en los que quieran un trago de mayor duración. 2.- Durante muchos años se celebró esta tradición en el claustro de la catedral. Se cambió de sitio (a la puerta del Reloj) con motivo de las obras, pero una vez que éstas han terminado, lo suyo sería volver a este sitio tan hermoso (para poder disfrutar de los grandes frescos pintados por Francisco Bayeu y Salvador Maella sobre el martirio de san Eugenio y santa Casilda, con alusiones a san Julián y san Ildefonso) y, sobre todo, más amplio, porque en la puerta del Reloj se produce un enorme atasco de gente que sale y entra.

En relación con los toledanos, creemos que habría que fomentar el conocimiento del arte y de la historia que se refleja en la Catedral, porque en ella se encierra no sólo la historia de Toledo sino la de España en general. Lamentablemente, no se incentiva que los toledanos conozcamos una de nuestras más valiosas joyas, algo que podría hacerse permitiendo el acceso gratuito -o poner un precio reducido- a los vecinos de la ciudad. Si existen beneficios para tantas otras cosas por estar empadronados en Toledo-como pueden ser la tarifa especial para el estacionamiento regulado o las existentes para la inscripción en actividades deportivas- no entendemos cómo no los hay a la hora de visitar nuestra Catedral. Aún a riesgo de parecer maximalistas (y pese a la que está cayendo con la lluvia del laicismo), consideramos que debería ser cuasi obligatorio que los colegios toledanos subieran a disfrutar y explicar la grandeza de este monumento. Sencillamente creemos que un monumento tan representativo como es nuestra catedral debería ser conocido por los más pequeños de la ciudad, así sin más, sin mezclar churras con merinas, en otras palabras. Ahora bien, no se termina de conocer la catedral en una visita y siempre hay ocasión de ampliar o conocer nuevas cosas de ese bosque de piedra, como la llamaba Blasco Ibáñez. Por ponernos a proponer, también sería aconsejable que los miembros de la catedral se esforzaran por dar la pompa que merecen las ceremonias o celebraciones religiosas, porque no se trata de una iglesia cualquiera. No decimos que no lo hagan ya, pero eso requiere un esfuerzo o un empeño especial.

Por otro lado, además, creemos que la Catedral debería tener más protagonismo en la vida cultural de Toledo. ¿En qué sentido? Pues organizando conferencias, recorridos en su interior, publicaciones, exposiciones (es modélica la de santa Teresita de Lisieux en la catedral parisina de Notre Dame), programaciones didácticas para los niños, conciertos, etc. La Catedral debería ser un centro vivo de cultura, de evangelización, dando a conocer la Buena Noticia o simplemente dejándose ver tal y como es a los toledanos y visitantes…Siendo muda y a la vez diciéndolo todo.

De todos depende, de creyentes, semicreyentes y no creyentes, poder disfrutar de esa maravilla que es la catedral de Toledo, que primero fue la iglesia visigoda de santa María y después, antes de ser sacralizada como templo cristiano, mezquita mayor. A veces valoramos más lo que tenemos cuando salimos fuera. O nos damos cuenta del valor de Toledo cuando alguien de fuera nos habla de las maravillas de nuestra ciudad. Ojalá pudiésemos borrar por un día nuestra memoria y contemplar Toledo y su Catedral con ojos de turista… Quizá, sobrase entonces buena parte de lo dicho este artículo.

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