Padres e Hijos

Padres e Hijos

Conozca las claves para que sus hijos expriman cada ciclo educativo

Una comunicación constante con los profesores, disfrutar de experiencias positivas en la infancia, establecer una rutina de estudio...

Día 16/09/2012 - 02.12h
Conozca las claves para que sus hijos expriman cada ciclo educativo
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Alumnas de Infantil experimentan con pintura al agua. Disfrutar de experiencias positivas es lo más importante en esta etapa educativa

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Las familias afrontan este año un curso escolar difícil, plagado de incertidumbres y preocupaciones. Profesores afectados por los recortes, subida del IVA en el material escolar, supresión de becas de libros y ayudas de comedor en muchas comunidades autónomas, cobrar por usar «tupper» en los comedores...

Casi ocho millones de alumnos y 700.000 docentes regresan a las aulas estos días. Entre tantos recortes, apuros económicos y agobios diarios no hay que perder el rumbo. Al fin y al cabo la educación y formación no solo ofrece a nuestros hijos conocimientos y oportunidades de futuro, sino que construye su personalidad. Por eso, nunca está de más recordar para qué sirve y qué es lo importante en cada ciclo educativo.

Infantil: Las buenas impresiones

Todos los expertos coinciden: en esta etapa es crucial que los niños se lleven una buena impresión del colegio. «Más que lo que aprendan, lo importante es lo que sientan», afirma Ferrán Martínez, psicólogo clínico y director del Centro de Psicología ISEP Clínic Castellón. «El niño tiene que vivir el colegio como una situación agradable e incluso lúdica donde va a cantar, bailar, jugar...». Esas vivencias positivas condicionarán toda su trayectoria educativa posterior.

Nadie lo duda. Los más pequeños «tienen que ir al cole con alegría, con ilusión por aprender cosas nuevas, con emoción por estar con otros niños», dice María José Gallego, orientadora del IES Arturo Soria de Madrid. De ser así, el alumno se encontrará seguro «y esa confianza es necesaria para construir su personalidad» y para potenciar sus capacidades, apunta Miguela del Burgo, profesora y directora del Colegio Público Pablo Picasso de Madrid.

Pero arrancar a los tres años en el colegio no es tarea fácil ni para los niños ni para los padres. Por eso, los expertos aconsejan realizar un buen periodo de adaptación. «Hay que facilitarles la incorporación a las aulas. Conviene que antes conozcan la escuela, que exista un encuentro con otros padres y niños... Y transmitirles tranquilidad: con frase como "nos vamos a trabajar, luego te recogemos y nos vamos al parque". La actitud de los padres es importantísima, deben estar tranquilos, seguros y calmados», afirma el doctor Martínez. Se trata de minimizar el sufrimiento durante ese cambio, pero debemos hacernos a la idea de que no podemos evitar que sientan cierto malestar. «Deben aprender a sufrir y a salir de ello. Así manejarán las emociones», dice Martínez.

La familia juega un gran papel para lograr todos esos objetivos. Tiene que mantener una actitud positiva hacia el colegio, valorar a los profesores y cuidar una comunicación constante con el centro. «Lo más importante es que los padres confíen plenamente en los profesionales. Por otra parte, también es interesante que adquieran unos hábitos de trabajo con sus hijos, haciendo algunas cosas como las que hace el niño en el colegio: recortar con la tijera de punta roma, hacer figuras de plastilina, trabajar con el punzón... Más adelante, eso se convertirá en colorear, trazar las primeras letras...», añade Jesús Ramírez, psicólogo educativo.

Primaria: Los cimientos

Junto con Infantil, es una etapa vital en la formación. A partir de ahora se van a asentar los pilares básicos del conocimiento, «los cimientos donde se van a apoyar los demás aprendizajes», afirma la pedagoga Miguela del Burgo.

De la flexibilidad y del carácter lúdico de la etapa Infantil, en Primaria cambian los métodos y horarios, son más rígidos, estructurados... Es un esfuerzo para el alumno. Muchos niños aprenden a leer y comprenden lo que leen a los seis años, otros lo hacen antes. En cualquier caso, los expertos aconsejan no adelantar ni acelerar este proceso y siempre seguir las pautas y criterios del profesor o tutor. «El momento de aprender la lectoescritura debe estar unido a un desarrollo madurativo a nivel psicomotriz y del lenguaje», dice la orientadora María José Gallego. Anticiparse o retrasar en casa este aprendizaje puede dar lugar a muchos problemas, por ejemplo, la dislexia. Lo que sí aconseja Miguela del Burgo a los padres es que fomenten y motiven la lectura en sus hijos, «leyéndoles libros atractivos y divertidos».
Los objetivos están muy definidos a lo largo de los tres ciclos en que se estructura esta larga etapa que llega hasta la preadolescencia (12 años). En el primer ciclo (6 a 8 años), los niños deben asentar la lectoescritura (entendiendo lo que leen) y conocer nociones básicas de las Matemáticas (suma, resta, tablas de multiplicar...). A partir de ahí, en el segundo (8-10), llega el momento de aprender a estudiar y de introducir hábitos de estudio en casa, es decir, hay que hacer deberes. «Los profesores les enseñan a sintetizar, a subrayar, a hacer esquemas... Y los padres deben sistematizar los horarios en casa: deben establecer unas pautas, cuándo se ve la tele, cuándo se juega, cuándo se estudia, les pueden echar una mano con los deberes... De esta forma, ayudan a sus hijos a que vayan adquiriendo responsabilidades y más autonomía», explica Del Burgo. Eso debe llegar en el último ciclo de Primaria (10-12). «Los padres deben retirarse un poco para que sean los alumnos quienes organicen su trabajo, sean previsores, estudien todos los días y se esfuercen. En esta etapa, preadolescente, es muy importante la atención y participación en clase. A esa edad muchos estudiantes temen hacer el ridículo ante sus compañeros y no preguntan sus dudas. Los padres deben animarles a que participen», aconseja la pedagoga.

No todo gira en torno al conocimiento académico. «Las líneas básicas de la personalidad se forman hasta los diez años», comenta María José Gallego. Por eso, hay que trabajar otros ámbitos. Los expertos aconsejan: cultivar las relaciones con los amigos, empezar a practicar algún deporte de forma constante y alguna afición a partir de los 8-9 años; vigilar el uso de nuevas tecnologías y trabajar la inteligencia emocional. Gallego afirma que desde los 7 u 8 años los padres deben dar ejemplo. «Tienen que hablar de emociones con sus hijos, generar un entorno de seguridad afectiva en casa, preguntar a los niños cómo se sienten, enseñarles a empatizar, promover la comunicación... Así al final de la adolescencia podrán resolver las situaciones por sí mismos».

Secundaria: Despuntan las vocaciones

Es la explosión de la pubertad, una etapa complicada que sin duda influye en el rendimiento escolar. Es ahora cuando se ve despuntar a la persona de mañana y se van a crear vocaciones. Chicos de 12 años van a convivir en el mismo centro con otros de 16. «Dejan de ser los mayores del colegio y se convierten en los pequeños del instituto. Pero aprenden pronto a afrontarlo», asegura el psicólogo Jesús Ramírez. Mayor presión académica, pasan de tener un profesor a once, uno por asignatura, «algo que suelen aceptar de forma positiva —continúa—, porque es más llevadero un docente por cada materia».

Y los padres deben seguir ahí, manteniendo la comunicación con el colegio a través de las asociaciones de padres, hablando con sus hijos día a día, ayudándoles a organizarse y vigilando los peligros de la adolescencia. «Pero deben respetar las peculiaridades del adolescente», afirma Gallego. «Al final de esta etapa los chicos deben haber desarrollado habilidades y capacidades básicas que puedan aplicar a cualquier conocimiento y aprendizaje; es decir, deben adquirir los recursos y herramientas para seguir aprendiendo por sí mismos», asegura la orientadora.

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