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El Papa considera «positiva» la Primavera Árabe, pero ha de incluir libertad y tolerancia

Pide el cese de suministro de armas a ambos bandos en Siria

Día 14/09/2012 - 19.17h
efe

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Benedicto XVI considera «de por sí positiva» la primavera árabe pues es «un deseo de más democracia, de más libertad, de más cooperación, de renovación de la identidad árabe», todo lo cual supone un progreso. Durante su encuentro con el grupo de periodistas que le acompañaban en el vuelo hacia el Líbano, el Papa presentó por vez primera su visión de conjunto sobre la crisis que atraviesa Oriente Próximo.

El Santo Padre hizo notar que la primavera árabe «es un grito de libertad que proviene de la juventud mejor formada cultural y profesionalmente, que desea mayor participación en la vida política y social. Es un proceso saludable también para los cristianos» de los países árabes.

Pero la claves para que esta revolución sea positiva a largo plazo es, según el Papa, «no olvidar una dimensión fundamental de la libertad que es la tolerancia, teniendo en cuenta que la libertad humana es siempre una libertad compartida». El Santo Padre invita al mundo a «hacer todo lo posible para que este deseo de libertad vaya en la justa dirección, incluyendo la tolerancia y la reconciliación», y evitando caer «en el dominio de unos sobre otros».

En contraste con esa visión positiva de la primavera árabe, el Papa lamentó, sin paliativos, el rumbo que han tomado los acontecimientos en Siria, «donde no solo huyen los cristianos sino también los musulmanes» y donde es necesario plantearse «¿Qué podemos hacer para parar la guerra?».

Las respuestas comienzan por insistir en el mensaje de paz, y en esa línea destacó «la importancia del trabajo de los periodistas, que pueden ayudar mucho a hacer ver que la violencia destruye, no construye, que no es útil para nadie». Después de mencionar la plegaria, el Papa añadió que «debe cesar la importación de armas, que es un pecado grave. Se deberían importar ideas de paz, creatividad de paz para encontrar soluciones en el respeto de la persona humana como criatura de Dios». También mencionó, naturalmente, la ayuda humanitaria al altísimo número de heridos, desplazados y refugiados en los países vecinos.

Benedicto XVI tenía un aspecto ligeramente cansado pero un aire muy decidido. Lo primero que manifestó a los periodistas fue su alegría por emprender este viaje, revelando que «nadie me ha aconsejado renunciar a él y yo, por mi parte, nunca lo he pensado». Al contrario, «si la situación se ha vuelto más complicada, es todavía más necesario este gesto de fraternidad, de ánimo, de solidaridad».

Como resumen, el Papa afirmó que «el sentido de mi viaje es invitar al diálogo, invitar a la paz, oponernos a la violencia, buscar juntos la solución a los problemas». En esa línea, Benedicto XVI se manifestó agradecido a todas las personas que han colaborado para hacer posible el viaje «y a tantas personas que me acompañan con la plegaria y así me dan protección. Me siento feliz y me siento seguro».

El Papa ha visto personalmente los horrores de la guerra cuando era un joven seminarista y vivía en las afueras de Múnich bajo los bombardeos aliados. Su actitud en el vuelo hacia el Líbano era decidida, resuelta. En cambio, su secretario personal, Georg Gaenswein, tenía aire más apesadumbrado y serio. Se diría que no ha dormido bien las últimas noches. El Papa es optimista por naturaleza. La preocupación de los demás, en vista de lo sucedido en los últimos días, es perfectamente comprensible.

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