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Cultura / Flavia Company, ESCRITORA

«La única manera de volar es tirarse al abismo»

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La autora argentina regresa a las librerías con 'Que nadie te salve la vida', un drama sobre la evolución humana con tintes de novela negra

Día 11/09/2012 - 06.54h

La última novela de Flavia Company (Buenos Aires 1963) se publicó ayer 6 de septiembre en Lumen. La autora, asentada en Sant Carles de la Ràpita (Tarragona) habla de su obra con la misma pasión que siente por la escritura, oficio que lleva ejerciendo más de tres décadas.

- ‘Que nadie te salve la vida’ (Lumen 2012), última novela de Flavia Company guarda relación con el planteamiento de Crimen y Castigo (Dostoievski) la trama de Extraños en un tren (Patricia Highsmith) y el estilo narrativo de ‘El tercer hombre’ (Graham Greene). ¿Cómo se escribe una novela con tintes de novela negra que evoluciona a drama de la condición humana? Las críticas publicadas hasta el momento hablan del perdón, pero me atrevo a comentarle a la autora que más bien creo que trata de la conmiseración, de la empatía. Se resume en “tú necesitas esto en este momento y yo te lo doy…o no”

Me alegra muchísimo que me digas esto porque en eso, precisamente, consiste la novela. Nació justamente de la voluntad de contar que lo único que hace que este mundo funcione, el aceite que permite que vivamos y convivamos es, precisamente, la empatía. Dentro de la empatía, una de los aspectos más importantes es el perdón, tanto la capacidad de pedirlo, como la necesidad de recibirlo, como la capacidad de concederlo. Al final da igual quién te lo da, quién te lo pide y quién te lo concede. Es el aceite que permite que esto siga lubricado y podamos avanzar.

- La historia se estructura en cuatro partes que guardan una relación directa entre ellas, pero tengo la sensación de que se podrían leer independientemente. ¿Cómo pensó en el argumento y su desarrollo?

En efecto, hay cuatro partes con unas elipsis considerables entre parte y parte. El orden cronológico fuerza a que se lean en ese orden. Si bien es verdad que podrían editarse por separado, pero el resultado no sería el de esta novela completa. He evitado escribir todo aquello que no hace falta. Podría haber escrito una novela de 700 páginas…

- Sí, habría sido una novela más “Dostoievski”…

Exactamente. Por eso la novela proyecta esos recursos que nos permiten vivir en el siglo XXI que es, precisamente, la capacidad de leer elipsis y de síntesis, tanto para el lector como para el autor. Yo siempre confío en la capacidad del lector porque son los cómplices buscados. Son gente a la que le gusta poner de su parte. El hecho de haberlo hecho en cuatro partes es porque tenía interés en utilizar cuatro focalizaciones distintas, pese a que la novela está escrita con narrador omnisciente siempre, pero era necesario tener todas las visiones para poder desarrollar la trama como un puzzle en el que encajar piezas y leerla del modo en el que la has leído. Estás en la pista de despegue en las tres primeras partes, y justo en la última es cuando ya te encuentras en el aire. Despegas y te das cuenta de que no vas a volver a tierra.

- Este estilo narrativo lo utiliza en obras anteriores. El de la epifanía justo al final de la narración…Además, no tiene una periodicidad determinada en la publicación de las obras. Puede publicar una en menos de un año y tardar años en publicar la siguiente ¿Cómo ve su evolución y su bagaje como escritora?

Yo no sé nunca cuándo voy a volver a escribir, de lo que voy a escribir, ni cómo voy a escribir hasta que ocurre. Cuando has mencionado “epifanía” casi me da algo porque en eso consiste exactamente escribir para mí, pero el momento de la revelación es el de la creación. Yo escribo la novela en la cabeza, no en el papel. Me hace mucha gracia aquello que le dijo Iris Murdoch a su marido un día, al llegar a casa: “George: ya he acabado la novela. Solo me falta escribirla.”. La imagen que dio lugar al inicio de esta novela es la de la imagen de una persona que llama a un timbre para pedir un perdón que no es suyo a la persona equivocada. Ese fue el comienzo de esta historia.

- Digamos, entonces que la epifanía del lector y la del autor es la misma, solo que con concreciones diferentes…

Claro, no se puede contar, pero el proceso, realmente, parte de una imagen que guarda relación con el mensaje. Yo soy una escritora muy lenta en la escritura mental, pero soy muy rápida en el desarrollo

- Cuando se supone que eso podría considerarse lo más difícil…

Era más difícil antes, cuando empezaba. Ahora que llevo tantos años escribiendo (30 años) tengo una facilidad en el ejercicio de la escritura que antes no tenía y me siento capaz de cualquier cosa que quiera hacer. Por tanto lo complicado es la arquitectura de la novela y el puzzle. No puedes escribir cualquier cosa porque esos lectores que estás buscando son tus cómplices y tus amigos y tienes que darles lo que piden…

- También es usted una lectora muy avezada, de todos los géneros y estilos, y eso quizás provoque que se exija más.

Más bien yo creo que me exijo mucho en general. Es verdad que mis lecturas son constantes y continuas y leo de todo. Esta novela defiende la lectura, la cultura y la palabra escrita, precisamente…por ejemplo el tema de la carta

- El tema de la carta como recurso y desencadenante. ¿Es un homenaje a la palabra escrita, a la palabra impresa…?

Justo. Y a la cultura. La lectura como transmisor de cultura y conocimiento. Creo que en todas mis novelas hay una carta, salvo en mi primera novela ‘Ni tú, ni yo, ni nadie’. En todas las demás hay una carta o son, directamente, novelas epistolares.

- Entonces, las nuevas tecnologías ¿piensa que están acabando con esto? En la novela menciona el hecho de que a la receptora de la misiva le parece curioso y como “de otra época” recibir una carta escrita a mano…

De hecho, yo misma escribo mis novelas a mano y con pluma sobre cuadernos de papel blanco en tamaño cuartilla que me regale alguien que me quiera…así que si un día no me quiere nadie, no escribiré más. La lectura siempre es un regalo, tanto si eres escritor como si eres lector. La carta es, al final, un símbolo de la escritura, de la transmisión de un conocimiento y de la memoria histórica.

- Y quien olvida la historia, etc...

Y en esas estamos ¡olvidándolo todo!

- En relación con la necesidad de inmediatez de la comunicación y las nuevas vías de participación, todo se queda en la superficie y queda obsoleto pronto. Tampoco hay un registro, pero usted es muy activa en las redes sociales, en blogs…¿qué le aporta el 2.0?

Yo soy una absoluta fascinada por las redes sociales y de los “bichitos” (gadgets) tecnológicos que te facilitan la vida. Todo lo que pueda tener a mi alcance, lo tengo a mi alcance, lo disfruto y me gusta y son recursos muy interesantes, lo que no quiere decir que uno deba renunciar a la prescripción y el aposentamiento. El problema, como en toda la vida, es saber elegir y saber dosificar.

- Esta novela también habla de hasta qué punto todo se ha convertido en “consumo”. Todo se compra y se vende y lo que no se puede comprar y vender, no interesa y lo más interesante de esta vida es, justamente, lo que no se puede comprar y vender: el amor, la ternura, la empatía, la misericordia, la redención…es lo que la sociedad descarta porque no entra en el mercado…

Ayer, con una periodista, terminamos comentando que esta es una novela cristiana contra el neoliberismo y pensé “pues es verdad”, porque los valores que está defendiendo (la misericordia, la redención, la responsabilidad, la capacidad de elegir entre el bien y el mal) guardan relación con el cristianismo. Ese es el mensaje de la novela: todos podemos elegir entre el bien y el mal. Elegir el bien, no tiene premio. Elegir el mal, puede que no tenga castigo.

- Me acaba de dar el título de la entrevista

¡Sí, claro! Pero podemos elegir

- Sí, de hecho uno de los personajes que da voz a una de las partes elige claramente el mal. Piensa que las cosas tienen un precio y exige que se lo paguen

Esa es la diferencia entre la responsabilidad y la culpa. La culpa estaría representada en el personaje de Víctor y no sirve para nada. Y la responsabilidad de que uno pueda elegir entre el bien y el mal, elegir el mal y arrepentirse y pensar “si la vida me diera una tregua, yo no lo volvería a hacer”, ese es el personaje de Enzo. La culpa jamás es eso. La culpa es “yo no fui, fueron las circunstancias”

- Justo antes de recibir su novela, busqué alguna de las entrevistas que otros compañeros de oficio habían llevado a cabo con usted. Le han preguntado de todo. Sobre todo si sus novelas tienen matices autobiográficos. Aquí es difícil encontrarlos porque se trata de una historia tremenda, pero ¿qué hay de verdad o de ficción?

Todo es ficción porque no escribo de cosas de mi vida, pero utilizo mi vida para escribir. Aunque sí que hay sensaciones compartidas. Por ejemplo, Enzo se tira en parapente. Le parece que se está tirando en parapente al final de su capítulo…pues yo he hecho parapente. Para mí fue un antes y un después en mi vida. Tú te estás tirando colina abajo por un precipicio, corriendo como una energúmena, con algo detrás que crees que es un ala, pero no lo sabes hasta que no estás allí. Tu cabeza te dice no lo hagas porque te vas a matar, tu corazón dice que sí, que vas a volar. Al final la única manera de volar es tirarse al abismo. Eso fue tan importante en mi vida que sentí renacer. Renacer es como morir y de repente se me vino a la cabeza la imagen de Enzo muriendo y naciendo de un modo distinto. Claro que es ficción porque no me he muerto nunca…

- Ni supongo que haya padecido una situación como la narrada…

¡No, no, no! Mi vida es muy agradable y muy simpática, por suerte no me encuentro en tesituras de esta estirpe.

- Además de novela, ha cultivado el relato, la poesía…iba a decir “géneros”, pero no me gusta llamarlo así. Prefiero usar disciplinas (porque exigen sus propios rituales) ¿cómo decide utilizar uno u otro “formato”, es una cuestión de exigencias, logística…?

Cada uno se decide de acuerdo a una idea que exige una horma determinada. ‘Volver antes que ir’, mi anterior libro, es un poemario de mil versos. Me di cuenta de que tenían que ser versos porque se trataba de imágenes y emociones. No podía desarrollarlos con acciones, o guión. La idea de transmisión en la literatura exige su funda. A veces en forma de novela, relato o poema o la nada. Yo he tirado unas cuantas cosas a la papelera…

- Vaya…si no ha habido arrepentimiento, tenía que ser así

Exacto, exacto

- Algo que me sucede cuando estoy leyendo una novela es que tomo frases del texto y las vuelco en forma de “tuit” y esta novela tiene unos cuantos tuit, que no sé si podría ser un nuevo género…

Yo misma disfruto de ese tipo de sentencias. Tengo capacidad de condensación. También tuiteo y visito mucho las redes sociales. Soy sintética por naturaleza, por eso Twitter me va bien. La síntesis es la voluntad de la esencia que es lo que más me gusta: limitarme a lo que es imprescindible. Personalmente a mí no me gustan las novelas actuales de 700 páginas. Me puedo leer el Quijote, Tristram Shandy, “Tolstóis” y “Dostoievskis” y me encantan, pero ahora…ahora no porque tenemos otra manera de ver las cosas, y disfrutamos de una cultura audiovisual que nos permite, con una palabra, convocar muchas imágenes…y si no, lo buscas en Google. A mí me parece muy importante utilizar todos los recursos que están a tu alcance.

- Hay autores – y ya no creo que se trate de una cuestión generacional porque no se rige por edades - que lo consideran el demonio

¡Pues no! Lo disfruto, lo uso y a mí me han pasado cosas maravillosas gracias a La Red. He terminado tomando café en distintas partes del mundo gracias a internet. ¡Qué maravilla poder comunicarte así!

- Hablando del “demonio”, he recordado la cita explícita en su novela del Bar ‘El infierno’…esto no es casual…

No, claro. Desde un primer momento yo quería mencionar a Mefistófeles. No podemos dejar de lado el hecho de que Víctor reclama un alma. Víctor ha comprado un alma. El momento en el que le propone a su criada, a Aurora, poner precio a su vida – porque acaba de quedarse sin otra vida que poseía – y ella, muy lista, primero no se sienta y luego no responde, porque realmente teme que le compre. Es mejor ‘que nadie te salve la vida’. Esas referencias las recupero al final de la novela con esta pesadilla espantosa que tú mencionas. Ocurre justo antes de que a Matías, protagonista de la cuarta parte, le salven la vida.

De esta manera cada uno de los personajes recitaría la frase de una manera distinta. Matías diría ‘Ojala nadie te salve la vida’ (desiderativa, porque había decidido que no le salvasen ya). Berta lo diría de una manera imperativa, porque opta y decide su camino. Víctor sería condicional, ‘que nadie te salve la vida’…porque tienen un precio. Enzo diría ‘que nadie te salve la vida’, porque la vida que te salvan la usas mal. Muérete cuando te tengas que morir. No 20 años después porque puedes haberlo hecho muy mal.

- Para finalizar siempre pregunto qué está leyendo ahora

Ahora estoy leyendo sobre el Bosón de Higgs. Es un tema que me interesa especialmente.

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