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«Sientes la llamada y cuando la atiendes eres feliz»

Zamora ha reunido estos días a varios seminaristas que reconocen el descenso de vocaciones, pero confían en que «vendrán tiempos mejores»

Día 12/09/2012 - 09.37h
«Sientes la llamada y cuando la atiendes eres feliz»
ABC
Instante del encuentro

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El Seminario San Atilano de Zamora acogió entre el 6 y el 9 de septiembre el Encuentro de Seminarios Mayores de la Región del Duero bajo el lema «una nueva evangelización al servicio de la fe». En él se han dado cita alrededor de 40 participantes, entre seminaristas y formadores de los Seminarios de Ávila, Burgos, Ciudad Rodrigo, Osma-Soria, Palencia, Salamanca, Segovia, Valladolid y Zamora.

Desde hace bastantes años los Seminarios Mayores de estas nueve diócesis de la región (León y Astorga forman parte de la provincia eclesiástica de Oviedo) se reúnen con periodicidad bianual, con un encuentro de primavera y otro de verano, previo al comienzo del curso académico, y es éste el que ha organizado el Seminario de Zamora en estos días.

Son las 11.20 horas del pasado viernes en el Seminario San Atilano de Zamora. Es el momento de hacer una pausa en la intensa jornada de reflexión de los seminaristas mayores que se ha dado cita en Zamora. Ahora los jóvenes salen a tomar el aire y a charlar con otros compañeros. Algunos de ellos recuerdan como iniciaron su camino y otros reflexionan sobre la crisis vocacional. «Porque sientes la llamada y cuando la atiendes y respondes afirmativamente eres feliz». Así explica Diego Luis su motivación para convertirse en sacerdote. Este joven burgalés tiene 23 años y lleva cuatro días en el Seminario Mayor. Habiéndose educado en una familia donde la fe no se vivía de una forma profunda, tras una etapa adolescente en la que negó la existencia de la Iglesia y después de haber estudiado Magisterio, Diego se reafirmó en aquello que sintió cuando tenía 17 años: «En aquel momento tenía que hacer selectividad y decidir algo en mi vida, fue una etapa muy dura para mí y deseché la idea del sacerdocio. Pero después de estudiar Magisterio y pasar un año en Inglaterra volví a pensar con tranquilidad en mi vocación y seguí la llamada del Señor».

Diego es consciente de la escasez de vocaciones que se vive en la actualidad y coincide con otros compañeros en apuntar en que «esto es algo cíclico, vendrán tiempos mejores». También reconoce que el voto del celibato es «una exigencia» un tanto incomprensible para la juventud de hoy en día. Sin embargo, Diego lo apoya: «Un cura tiene que dedicarse por completo a los demás seres humanos, a su pueblo, a los más desfavorecidos, tiene que estar al servicio de la Iglesia y de los demás. Pero si tienes un hijo o una familia propia, al final tu familia te exige mucha dedicación y tiempo que no te permitirán estar al 100% dedicado a los otros».

Anselmo Matilla, otro compañero seminarista de la diócesis de Ciudad Rodrigo, insiste en que «hay que estar al lado de los jóvenes, acompañándoles, estando donde ellos están, acercándose» para volver a acercar a la gente más joven a la Iglesia. Anselmo, que tiene 23 años y lleva 5 años en el Seminario Mayor, considera que la Iglesia no puede caer en la «autodefensa o el rechazo» en lo relativo a este colectivo, sino que hay que buscar los «encuentros personales y anunciar el Evangelio con otros métodos, otras herramientas».

Tal vez por no haber encontrado el camino adecuado la Iglesia viva una preocupante crisis vocacional que Anselmo confía en que un día se solucionará «como ha ocurrido en otros momentos en la historia de la Iglesia». Anselmo dice que hay que esperar la llegada de tiempos mejores «con esperanza y mucho trabajo».

En el mismo corrillo de Diego y Anselmo está Juan José Fuentes, de la diócesis de Logroño. Juanjo tiene una historia peculiar: «Yo soy de una familia no creyente, a mí me bautizaron a los 10 años y mis hermanas están sin bautizar. Pero yo desde los 6 años sentí la llamada del Señor». En el caso de este joven de 20 años el testimonio de fe que observó y compartió desde pequeño con su abuela marcó su vida para siempre. Si bien al principio los padres de Juanjo no comentaban con nadie que su hijo estaba en el seminario, ahora son ellos mismos quienes le animan en su camino «porque me ven muy feliz».

Por otra parte, Juanjo también se preocupa por la escasez de vocaciones: «En una diócesis como la mía donde sólo hay 5 seminaristas mayores y 3 chavales en el seminario menor realmente te planteas si esto va a terminar. Pero luego recuerdas que cuando yo empecé en este camino había poca gente, pero luego fue aumentando…Entonces piensas que igual es un momento pasajero y hay que vivirlo con alegría porque un día las cosas estarán mejor». En definitiva, “hay que ser feliz con tu vocación, eso es lo más importante”.

Se termina el descanso y continúa el programa de actividades y conferencias. Durante estos días los seminaristas y los formadores han visitado el Lago de Sanabria, Toro y Zamora, así como han asistido al concierto de las velas en el claustro del propio Seminario San Atilano donde se han alojado.

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