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Brasil recuerda los mensajes del Papa en la JMJ de Madrid

La web de la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Río, recuerda las enseñanzas de Benedicto XVI y promete organizar una fiesta de «unidad y alegría dando testimonio de Cristo»

Día 20/08/2012 - 17.59h

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Los mensajes que el Papa Benedicto XVI lanzó en laJornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid han quedado grabados a fuego en la sociedad española. Esto es lo que demuestra la página web de la próxima JMJ de Brasil, la cual, coincidiendo con el primeraniversario de la reunión católica, recuerda la organización que llevó a cabo la capital española

Así, la página web hace hincapié enlos mensajes de ánimo y reflexión que mando el Sumo Pontífice a los jóvenes y a los agravados por la crisis económica.

A menos de un año de la que tendrá lugar la próximas jornadas en Brasil, los organizadores de la JMJ «Río 2013» reviven aquellos momentos como «hermosos y grandiosos» y aseguran que al revisar las imágenes de la JMJ de Madrid «los corazones se disparan imaginando cómo será la JMJ Río 2013».

Además, apuntan que los números de la Jornada de Madrid revelan la dimensión de un evento como este, con cerca de dos millones de peregrinos de 193 países, casi 30.000 voluntarios y 5.000 periodistas acreditados.

Según explican, los «grandes protagonistas» de estas jornadas (los jóvenes) prometen hacer de la fiesta de la fe en Río de Janeiro, que se celebrará del 23 al 28 de julio de 2013, una celebración de «unidad y alegría, dando testimonio de Cristo y demostrando la fuerza de la juventud».

Mensajes de sabiduría

Estos días también se recuerdan los mensajes que Benedicto XVI envió durante su viaje a España con motivo de la JMJ. Así, nada más poner el pie en España el 18 de agosto de 2011 pidió a los jóvenes que no se avergonzaran del Señor.

En la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto de Barajas, ante autoridades españolas, también se acordó de muchos jóvenes, que «miran con preocupación el futuro ante la dificultad de encontrar un empleo digno, o bien por haberlo perdido o tenerlo muy precario e inseguro».

Antes, en el vuelo papal que le llevó a Madrid, el Pontífice ya había pedido, en su diálogo con los periodistas, responsabilidad ante la crisis económica. «La economía no puede referirse a sí misma, sino que el hombre debe estar en el centro de la economía, que no representa sólo el beneficio sino la solidaridad», señaló.

Esa misma tarde, ante la primera multitud de jóvenes congregados en la Plaza de Cibeles, durante el discurso de bienvenida y tras cruzar a pie la Puerta de Alcalá, criticó a aquellos que «desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias».

En su tercera jornada, en el Instituto Fundación San José, remarcó que las personas con discapacidad «son los protagonistas de esta civilización» y defendió la dignidad de «cada» vida.«Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana», afirmó.

Además, ya en la Vigilia de Cuatro Vientos, el Papa tenía previsto defender el matrimonio indisoluble entre hombre y mujer y criticar la cultura relativista que desprecia la búsqueda de la verdad, aunque finalmente terminó improvisando debido a la gran lluvia que cayó y dio las gracias a los jóvenes por acudir.

De vuelta a Cuatro Vientos, en la misa de envío, el Papa se preocupó por cómo habían pasado la noche los jóvenes tras la tormenta y les invitó a ser «discípulos y misioneros de Cristo en otras tierras y países donde hay multitud de jóvenes que aspiran a cosas más grandes (...) y no se dejan seducir por faltas promesas de un estilo de vida sin Dios».

Finalmente, tras reunirse con los voluntarios de la JMJ de Madrid para darles las gracias por su trabajo, se dirigió al aeropuerto, donde, antes de emprender el vuelo de regreso a Roma, se refirió a España como «una gran nación, que en una convivencia sanamente abierta, plural y respetuosa, sabe y puede progresar sin renunciar a su alma profundamente religiosa y católica».

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