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No puede culparse al Real Madrid de no haberlo intentado lo suficiente. El equipo de José Mourinho arrancó el campeonato de Liga con un empate ante el Valencia que supo a poco, pero nadie persiguió el gol más que ellos. Hasta 24 veces disparó el equipo blanco contra la portería rival, nueve de ellas entre los tres palos y sólo un gol. En las otras ocho apareció un muro. Diego Alves.
Desde que llegara al Almería hace ya cinco años, el portero brasileño ha destacado por sus increíbles reflejos. A veces demasiado efectista en sus estiradas, pero siempre seguro bajo los tres palos. La de ayer en el Santiago Bernabéu fue su gran obra, con una portentosa actuación que logró frustrar al mejor ataque de las historia de la Liga. El equipo de los 121 goles se quedó ayer en tan sólo uno.
Ni siquiera en la jugada del gol dio su brazo a torcer. Alves resistió dos balazos a bocajarro de Gonzalo Higuaín, y no fue hasta el tercero, directo a la escuadra con el portero en el suelo, cuando el argentino logró celebrar un gol que ya le estaba causando ansiedad. Corría sólo el minuto 10 y el Real Madrid no podía sospechar que le esperaban por delante 80 de suplicio.
Sobre el terreno de juego hubo pocos jugadores más incisivos que Cristiano Ronaldo y Di María, aunque ninguno de ellos lograría ver puerta. Ante la falta de claridad en el juego, Mourinho optó por el asedio, y dio entrada a Karim Benzema en lugar de Lass. Y se desató el diluvio.
A los pocos minutos, un cabezazo de Higuaín se estrellaba contra el larguero cuando ya había conseguido batir a Alves. Después turno para Özil, que también a pase de Di María se resolvió en el área y sacó un disparo seco, a media altura... que Diego Alves despejó a córner. Raúl Albiol a la salida de un córner; Benzema en un latigazo seco, a la cepa del poste; Higuaín a la enésima. Y enfrente siempre el cancerbero brasileño.
«Los porteros estamos para eso», asumió Diego Alves en la zona mixta. Incluso después del partido despejó balones y, con gesto humilde, señaló que la clave del partido había sido que «el equipo estuvo muy bien defensivamente y supo aguantar arriba».
Aún habría oportunidad para un último lucimiento. En una excelente combinación trenzada entre los hombres de ataque del Real Madrid, Cristiano cedió a la derecha hacia Callejón, que empaló según llegaba con dirección a la escuadra. Hubo quien se atrevió a levantar los brazos en la grada, pero cuando el balón parecía entrar, allí apareció el héroe de la noche: Diego Alves.





