C. Valenciana

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Pellegrino marca su sello

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El argentino debuta como entrenador con una lección de disciplina táctica

Día 20/08/2012

Mauricio Pellegrino debutó ayer como entrenador en un escenario de máxima exigencia y no decepcionó. El sorteo deparó un inicio de campeonato como una montaña rusa. A la cita de Chamartín de ayer le sucederá un Deportivo que visitará Mestalla resentido por su último descenso y, sin solución de continuidad, el Barcelona en el Nou Camp.

Sin embargo, el Flaco ya ha marcado su impronta en el Valencia en apenas unas semanas de trabajo en las que con su trabajo ha inyectado una renovada ilusión entre los aficionados. El punto de ayer va más allá de un simple paso en la clasificación, cuando todavía está abierto el periodo para la renovación de abonos y la captación de nuevas altas. El Valencia, al menos el estilo que le hizo inconfundible en el fútbol español, ha vuelto. Y nada menos que en casa del campeón.

Sólido en defensa como en las épocas en las que los grandes se les atragantaba el Valencia, con una buena organización táctica en todo el terreno de juego y unas líneas que jamás se descompensaron. El Valencia recordaba al de comienzos de la prodigiosa década de los 2000. Un juego no especialmente brillante, pero siempre efectivo. Un rival duro para cualquier contrincante.

Sostenía el argentino en la previa del encuetro que el Valencia no es un rival apetecible para estrenar la Liga y el mismísimo campeón lo sufrió en sus propias carnes. Con un estilo que recuerda al que implantó Héctor Cúper, el Valencia jamás se descompuso sobre el terreno de juego y se aprovechó de los errores del rival.

De hecho, el tempranero gol de Higuaín no hizo perder los papeles a los valencianistas, que se mantuvieron fieles a su estilo hasta que llegó la oportunidad de Jonas. Como sucedía en tiempos de Benítez, maestro y mentor de Pellegrino, el Valencia no desaprovechó su oportunidad y al filo del descenso puso la igualdad en el marcador.

Afición entregada

En el segundo tiempo al Valencia no le quedaba más remedio que nadar y guardar la ropa para amargar la fiesta a un Bernabéu entregado a sus huestes pero en el que se dejó sentir el clamor de la afición valencianista, desplazada en masa al recinto madrileño. Pellegrino movió sus fichas, apoyado en un Diego Alves especialmente inspirado bajo palos. El técnico ha apostado por su compatriota -el año pasado suplente en la Liga- tras la lesión de Guaita, y le salió bien la jugada.

Fiel al estilo de los que fueron sus maestros, aunque sin la chispa en ataque de la etapa de Ranieri, el discípulo Pellegrino movió el banquillo con cambios de inspiración ofensiva para mandarle al Madrid el recado de que el Valencia no daba por bueno el empate.

Un «nuevo» Valencia

Más que una pose fue una declaración de intenciones que permitió que el Valencia lograra un empate que ya arañó la pasada temporada, aunque en aquel momento bajo las órdenes de Unai Emery, un técnico en las antípodas de la filosofía del fútbol que profesa El Flaco, que desde ayer comenzó a engrosar su currículum para disgusto de un Mourinho que comienza la reválida del título con un batacazo no esperado en la capital de España pero que Pellegrino tenía previsto en su particular quiniela.

De hecho, conforme declaró al término del choque, el empate «no fue casualidad». La elección de un técnico que recuperará el espíritu que tantos éxitos deparó al Valencia tampoco lo ha sido.

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