C. Valenciana

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La puerta románica de la Catedral de Valencia

Día 19/08/2012
La puerta románica de la Catedral de Valencia

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Cuatro ruedas tiene mi coche, cuatro pastillas me tomo esta noche». Si esta canción exaltaba el insano consumo de estupefacientes como principal atractivo de la fenecida ruta del bakalao, algún atrevido compositor podría seguir un esquema parecido para crear una canción de la catedral de Valencia que dijera: «Tres puertas tiene mi catedral, tres estilos, algo sin igual». Y es que la Seo de Valencia tiene una puerta románica, una gótica y una barroca, que son testimonio de los diferentes siglos en los que transcurrió su construcción y que suponen todo un manual de Historia del Arte.

Como tantas otras catedrales, la de Valencia fue construida sobre la mezquita mayor de la ciudad, que, a su vez, se había erigido sobre un templo visigodo. Se trataba de ocupar el centro religioso de la ciudad para destacar la supremacía de la nueva religión, algo que también hicieron unos siglos más tarde los españoles en la ciudad de México al construir la catedral sobre el antiguo campo de juego de pelota de la ciudad azteca de Tenochtitlán.

En un primer momento, el rey Jaime I se dirigió a la mezquita y, tras una purificación previa, la puso bajo la advocación de la Virgen María. Fue fray Andreu Albalat quien en 1262 decidió derribar la mezquita para construir una catedral, algo que fue realizándose poco a poco. Aunque la planta de la catedral es gótica, la puerta románica fue una de las primeras en construirse pues se supone que fue la que sustituyó al mihrab, la parte más sagrada de la mezquita. A pesar de su sencillez, esta puerta constituye todo un espectáculo visual. Está compuesta por un gran arco de medio punto decorado con ángeles y motivos florales y geométricos. Este arco se sostiene sobre unas columnas cuyos capiteles contienen imágenes que narran doce escenas bíblicas. Y es que los habitantes de la época eran en su mayor parte analfabetos y el arte era la forma más sencilla de adoctrinar al pueblo llano.

Todo este conjunto está rematado en su parte superior por un tejado sostenido por unas cabezas humanas. Lo que muy pocos saben es que esos rostros, que conservan parte de la policromía original y van acompañados de sus nombres, pertenecen a los siete matrimonios catalanes que repoblaron la ciudad tras la conquista cristiana. Por lo tanto, cuando un valenciano pasa por la puerta románica, puede cruzar la mirada con sus propios antepasados catalanes. Algo que quizás a algunos no les gustará pero esa es ya otra historia.

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