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La Justicia británica rechaza el «derecho» a «suicidio asistido» de un enfermo grave

«La eutanasia voluntaria es un asesinato», afirman los magistrados

Día 16/08/2012 - 20.36h

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La Justicia británica ha rechazado hoy la solicitud de un hombre que pedía que un médico pusiera fin a su vida de forma legal. Este paciente es víctima de un cierto «síndrome de enclaustramiento» (locked-in syndrome) tras el infarto cerebral que le dejó paralizado de cabeza para abajo en 2005.

Los tres jueces de Tribunal Supremo que han visto el caso, aunque han reconocido el carácter trágico de su situación, han estimado que la ley era clara: «La eutanasia voluntaria -es decir, buscada intencionadamente- es un asesinato», sea cual fuere la motivación.

Los jueces recuerdan que sería asunto del Parlamento cambiar la ley: «No es competencia del Tribunal decidir si la ley sobre la muerte asistida debería ser cambiada, y, en tal caso, qué salvaguardas se deberían adoptar. En nuestro sistema de gobierno eso es competencia del Parlamento».

El caso Nicklinson difiere de otros de «derecho a morir» dentro del capítulo de «suicidio asistido» puesto que este señor es incapaz de tomar píldoras letales, aunque alguien se las preparara. Alguien, pues, que acabara con su vida cometería un asesinato.

Tony Nicklinson (58 años, casado y con dos hijos), desde su ataque cerebral, no puede hablar. Se comunica asintiendo o moviendo los ojos y con la ayuda de una tableta electrónica. Ha calificado su vida de «insoportable».

La British Medical Association (BMA) ha declarado que el Tribunal había tomado «la decisión correcta». El doctor Tony Calland, del comité ético de la BMA, sostiene: «La BMA no cree que sirva al interés de la sociedad el que los doctores puedan acabar de forma legal con la vida de un paciente».

Otra petición anónima rechazada

Una segunda víctima del síndrome, que ha solicitado permanecer en el anonimato y al que se le denomina Martin, de 47 años, ha mantenido también el combate ante la Justicia por el «derecho» a la eutanasia.

El Tribunal Supremo británico aceptó el caso de Tony Nicklinson en marzo. Pero el hecho de admitirlo a trámite no ha implicado que le dé la razón.

La eutanasia y el suicidio asistido son ilegales en el Reino Unido. Una comisión de investigación recomendó en enero que el Parlamento revisara la ley para «ayudar a los enfermos terminales a poner fin a sus días».

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