Galicia

Galicia / EL CALEIDOSCOPIO

Las alternativas retóricas

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Día 17/08/2012

El Bipartito negaba lo evidente, no había crisis económica ni financiera; todos tranquilos que no hay problemas, son alarmismos antipatriotas del PP. Vivían en una nueva edad de oro, por lo que dispararon el empleo y el gasto público, dejaron correr el ladrillo y ni se acordaron de supervisar las cajas de ahorro, asunto sobre el que tenían competencias. Hoy critican los recortes de sus excesos, el saneamiento de lo inviable y las consecuencias de la forzada austeridad. Lo que está pasando se debe a la ceguera del PPdeG, dicen, a la insensibilidad de Feijóo y a la incapacidad general de sus cuadros y militantes. Así de simple, vuelven al agit-prop con argumentario renovado.

También lo hacen los buscadores de oportunidades en esta situación cuya génesis nunca denunciaron, como Beiras y las formaciones extraparlamentarias que buscan el voto de la decepción, bronca y protesta. Pero sin razonar ni construir una alternativa visualizable, ni explicitar un modelo económico que convenza a nuestros acreedores para que sea posible refinanciar las deudas generadas en los felices años de la izquierda gobernante. Porque si no hay nuevo flujo de crédito exterior, nada será viable, salvo la demagogia masiva y el retroceso generalizado. Es la verdad más amarga a la que es insoslayable hacer frente.

La Xunta asumió el hecho de ser el primer gobierno de la historia autonómica que veía descender sus presupuestos, año tras año. Y que además de contar con menos recursos tenía que atender mayores necesidades y demandas legítimas. La oposición nunca pasó de recurrir a la falacia de «con ustedes hay más problemas económicos y menos gasto autonómico», como si la simultaneidad fuera causación, como si no estuviéramos viviendo las consecuencias diferidas de la irresponsabilidad del modelo económico de prosperidad basada en el ladrillo y el endeudamiento exterior.

La Xunta deja de reponer plazas públicas para disminuir costes y favorecer así las refinanciaciones; recorta selectivamente las partidas de gasto primando lo social; reconvierte el apoyo económico directo en avales; y hasta se lanza a buscar demanda, a ejercer como empresario público para conseguir contratos para las empresas industriales gallegas, como ha ocurrido en la gestión con Pemex.

Claro que hay errores, excesos y personas que todavía no han asumido las exigencias de una situación excepcional. Pero la línea esencial del gobierno autonómico es la de crear las condiciones de un nuevo sector público, eficiente y viable, y la de estimular un nuevo modelo económico, abierto y competitivo, en el tejido productivo gallego. Es un propósito verificable. Mientras que los aspirantes a ser alternativas, desgraciadamente se orientan más a intentar explotar la tristeza, el malestar y la decepción de una ciudadanía desolada, que a explicar el porqué hemos llegado hasta aquí y cual es el camino concreto que hay que seguir para salir de este pozo tan profundo. Es por ello que la crítica y la negatividad no bastarán para tornarse en alternativa.

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