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La portavoz de Solidaridad Gallega con el Pueblo Saharaui, Maite Isla, ha aterrizó ayer sábado en el Aeropuerto de Vigo después de haber participado con un grupo de cooperantes en un visita a los campamentos de Tinduf (Argelia) –que partió el martes desde Madrid–, en la que ha constatado que el lugar «sigue siendo seguro», al tiempo que ha alertado de falta de alimentos básicos.
Esta activista gallega ha explicado la labor en los campamentos de Tinduf «sigue siendo segura, porque siempre hubo seguridad», ya que «en 35 años de trabajos en los campamento nunca había pasado nada, y el único enemigo era Marruecos». «Además, desde el secuestro de los tres cooperantes aumentaron las vigilancias», ha asegurado. Según explica, este viaje «no ha sido ninguna medida de presión» contra el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo sino que se hace porque «esa forma tan apresurada para retirar a los cooperantes de los campamento nunca se debió hacer».
Así, ha demandado que, «por lo menos tenían que haberle dado al Gobierno saharaui la información de por qué se hacía». Por ello, ha remarcado que la cooperación «va a seguir existiendo», pues «por ejemplo, no tendrían ni pies ni cabeza que después del 11M no se dejase ir a las estaciones de tren».
Escasez de alimentos
En el viaje, los cooperantes han visitado a representantes de Naciones Unida que les llevaron a ver los almacenes en los que se encuentran las reservas de alimentos, y «de los cinco más importantes: harina, lentejas, azúcar, cebada y aceite; en este momento, solo hay en stock para un mes aceite y cebada, del resto de elementos ya no hay nada». Así, ha denunciado que en los campamentos «se están dando casos tremendos», porque desde que se retiraron los cooperantes «se dio un caso de un niño muerto por falta de nutrición».
Además, Maite Isla ha remarcado que ahora su asociación va a preparar el viaje de las familias de acogida para el mes de diciembre a Tinduf, con el fin de que conozcan a los familiares biológicos de los niños que han tenido en sus casas. A este desplazamiento espera que «vaya mucha gente para que la gente vea con sus propios ojos el desastre humano que está ocasionando la retirada de cooperantes». Y es que los refugiados «dependen directamente de los cooperantes», por lo que «la retirada nunca debió existir».





