Tiene cincuenta años y asume la mayor responsabilidad de su carrera. "Mano" Menezes se juega hoy más que una medalla de oro. Elegido como responsable de las selecciones brasileñas después del fracaso del Mundial de Sudáfrica, donde Kaká volvió a resentirse de su lesión de rodilla, "Mano" tenía tres retos en el siguiente cuatrienio de su mandato: los Juegos Olímpicos 2012, la Copa Confederaciones 2013 y la Copa del Mundo 2014. El primer objetivo era realizar una buena Olimpiada con un equipo, el olímpico, que cuenta con la base de la plantilla que deberá atacar en casa la Confederaciones y el Mundial.
Menezes ha conseguido llegar a la final de hoy con los hombres que decidirán su futuro en el cargo: Neymar, Marcelo, el emergente Óscar, Damiao, Thiago Silva, Lucas Moura, Hulk, Pato, Rafael, Sandro, Rómulo, Juan, Danilo y Ganso, que ha estado lesionado durante estos Juegos. Hombres que serán la columna de la selección absoluta, que tendrá el objetivo de ganar los dos torneos que se celebrarán en su país a partir del próximo año.
El técnico tiene muchos enemigos. Su sistema colectivo, europeo, que mantiene una disciplina táctica, no gusta a la mitad de la prensa brasileña, que aboga por la clase de sus talentos por encima del esquema. El entrenador contesta que para triunfar en el fútbol de hoy hay que defender bien y mantener un equilibrio, sin dejar huecos atrás como sucedía en épocas anteriores, cuando los laterales subían por su cuenta y nadie cubría su sitio. Eso está prohibido para el responsable del conjunto olímpico, matriz del absoluto.
Hoy pone toda su carne en el asador. Si vence, será consagrado como el jefe de los grandes acontecimientos que se avecinan en su gran nación. Si pierde, las críticas pondrán en duda su valía para triunfar en 2013 y 2014. Habrá serpientes que moverán su silla para desbancarle y colocar un preparador más clásico del balompié del país. Especialmente si la derrota es clara o el juego de la verdeamarelha es decepcionante.
Ciento sesenta millones de compatriotas están pendientes de lograr hoy el oro que siempre se resistió. Otro fracaso le pondrá en la lista de perdedores. "Aquí todo tiene demasiada repercusión", indica. "Lo importante es saber solucionar los errores aunque ganemos, no taparnos los ojos", advierte. Asegura que es lo que está haciendo. No se engaña por las victorias, que fueron apretadas ante Egipto y Honduras, ambas por 3-2 y con arbitrajes a favor. Dice que es un conjunto en formación, al que le falta coordinación para ejecutar sus movimientos tácticos. Solo pide que, si hoy se pierde, le dejen rematar su trabajo y presentar un cuadro preparado para atacar la Copa Confederaciones como prueba de ensayo del Mundial. Veremos si le dejan.




