Qué ocurre si metes a 10.000 de los mejores cuerpos masculinos y femeninos de más de 200 países en un complejo de 3.000 apartamentos donde viven más bien apretados. Y si encima la mayoría de ellos no tiene ni treinta años y sabe que su experiencia en la Villa apenas va a llegar a las tres semanas. Pues que todos tratan de exprimir al máximo el tiempo que pasarán allí.
La convivencia debe ser intensa. Los atletas lo saben, que para eso lo viven en sus carnes, y para el COI tampoco es algo ajeno. De ahí que antes de empezar los Juegos Olímpicos repartieran 150.000 condones en la Villa. Pero es que para los deportistas han debido de ser pocos los 25 por persona a los que tocaban y ya se han encontrado preservativos «no oficiales» dentro del recinto.
Un corredor olímpico, ganador de dos medallas, aseguró en una entrevista para la CNN que «quien quiera ser ingenuo y decir que no sabe qué pasa en la villa, se miente a sí mismo. El COI lo sabe, los funcionarios lo saben, incluso los medios. No es un secreto, ¡todos saben!» Parece ser que el Comité Olímpico no desaprueba esta actitud a tenor de los preservativos repartidos; aunque no hay que despreciar que la marca que los cede paga una importante cantidad por patrocinar.
Hay que tener en cuenta que de los 10.000 atletas muy pocos están compitiendo las tres semanas, y que una gran mayoría no pasa de las primeras rondas de sus competiciones. Por ello, según la nadadora Summer Sanders ganadora de dos medallas de oro, «Lo que pasa en la Villa Olímpica se queda en la Villa Olímpica» es el segundo lema de los Juegos para ella y otros muchos atletas.
El propio corredor medallista de oro ha confesado en la CNN que «los atletas no saben qué esperar la primera vez que van a los Juegos, pero simplemente pasa» y ha añadido «cuando terminas de competir, ¡no duermes hasta el día siguiente!» además añadió «muchos de los voluntarios de la villa te piden ver tu cuarto, y yo sabía que en realidad no querían ver el cuarto. Es sólo diversión, están emocionados por estar con los atletas». Ha comentado también la forma en la que anunciaba a su compañero de cuarto si estaba 'ocupado' con alguien; con una prenda en el pomo de la puerta. Aunque las largas noches no le mermaban físicamente. «Cuando competía después de tener sexo me sentía más ligero, no me afectaba», ha reconocido.
A Hope Solo, guardameta del equipo estadounidense de fútbol femenino y la primera en hablar del asunto y tirar de la manta, se le suman ahora las voces de Summer Sanders y del corredor, para contar cual es la otra parte de la realidad que se vive en la Villa Olímpica. Hope Solo llegó a contar incluso que había visto a deportistas «practicar sexo hasta entre los matorrales».




