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El problema que acosa a Pixar por todos los costados de su edificio, de sus creadores y de sus dibujantes es... que son demasiado buenos. Y siendo tan buenos es complicado mantener el nivel. Lo puedes hacer durante tres, cuatro, cinco trabajos, pero no lo puedes tener en las nubes todo el tiempo. Ni siquiera el gran Clint es capaz. Así sucede que cada vez que Pixar traza un esbozo queremos que sea Tiziano o Velázquez, y a veces solo se queda en El Bosco, que no es un piltrafilla, pero no es lo mismo.
Queremos que sea Tiziano o Velázquez, y a veces solo se queda en El Bosco
No defrauda, pero tampoco te hace perder la cabeza
Y una desventaja: en el doblaje se pierde uno de los puntos fuertes de la película: ese marcadísimo y atrayente acento escocés en las voces de los protagonistas, tan bien logrado que hasta la visión pierde protagonismo frente al sonido aderezado todo con una música de altos quilates.






