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Pasaron los días, se sucedieron batidas y búsquedas, levantamiento de tierras y eternas declaraciones ante el juez y, sin piedad, el tiempo ha pasado y ya son diez meses de incertidumbre buscando a los dos pequeños hermanos Bretón, cuya desaparición denunció el 8 de octubre pasado su padre, José Bretón, ahora detenido como principal sospechoso.
Mientras se suceden los rastreos y las búsquedas, la principal conclusión que se puede sacar del paso del tiempo es que poco ha cambiado desde aquella tarde del 8 de octubre, hace justo 10 meses, en que no se volvió a saber nada de Ruth y José Bretón Ortiz, aunque las hipótesis se hayan ido sucediendo, lo cierto es que cuando el calendario apunta casi al año buscando a los niños, todo lo que hay alrededor de su paradero son suposiciones y teorías que después la práctica se ha encargado de no confirmar.
Las teorías y suposiciones no han podido ser confirmadas
Rastreos y preguntas
Desde la tarde en que se denunció su desaparición la investigación ha pasado por muchas fases, la primera la exploración de la finca de Las Quemadillas propiedad de los abuelos paternos. Por entonces el padre, José Bretón, era un testigo, aunque el día 21 de aquel mismo mes, todos los focos se centraron en él por decretarse su ingreso en prisión acusado de detención ilegal. Desde aquel mismo momento, los trabajos se centraron en dos partes. Por un lado: los interrogatorios, incluida una visita pública al Parque Cruz Conde, para intentar que dijera qué había sucedido con los niños. Por otro lado, los rastreos en la finca de los padres, realizados con tecnología cada vez más sofisticada y en varias batidas, que tampoco han ofrecido resultados de ninguna clase. Sólo parece probado que Bretón nunca fue el parque Cruz Conde con sus hijos.
De fondo está la presión de Ruth Ortiz, madre de los niños, en pleno proceso de separación del padre. La presión de su familia hacia los allegados al progenitor ha sido incesante, tanto en las declaraciones a los medios de comunicación como en los interrogatorios. La capacidad de resistencia de José Bretón, que ha aguantado sin inmutarse los rastreos en la finca y los interrogatorios mide la dureza de una caso que se va aproximando lentamente a un juicio sin muchas sospechas ni cuerpos del delito.







