¡Venga ya!¡ ¡Esto es de broma!. Es el primer pensamiento que pasa por las cabezas de los viandantes cuando observan el «triatlón Man». "Pues si es de broma, ven y compite"!. Eso dicen los profesionales que lo organizan mientras los incrédulos comienzan a reflexionar que la competición es dura, aunque se concentre en veinte metros de distancia. "Tenemos trajes de neopreno para que nades en la piscina. Y zapatillas y ropa de atletismo para que corras en la cinta y en la bicicleta estática". La cosa se pone seria. Los espectadores miran y se quedan asombrados. Hay atletas de verdad en la piscina y en las otras dos máquinas. Marchan a un ritmo infernal. Tienen cuerpos esbeltos.
En la piscina, el neopreno deja entrever una cara sufriendo de una inglesa que es practicante de triatlón en la prestigiosa Universidad de Cumbria, al norte de Inglaterra, en la frontera con Escocia. En la cinta, un atleta de la Universidad de Manchester. En la bicicleta, uno de la Universidad de Oxford. No son parte de la organización. Han venido desde sus lugares de residencia para disputar esta competición.
Es muy dura. La única diferencia es que no hacen el triatlón en sus distancias métricas normales, sino concentrado en máquinas y en una piscina de seis metros que exige que la persona nade sin parar y no pueda poner los pies en el suelo.
Llegan los participantes de todas las zonas del norte de Inglaterra. Traen su propio traje de neopreno y sus ropas de atletismo. Aquí no hay cola para realizarlo. Son pocos los que se atreven. Hay que estar preparado. Pero es un goteo constante.
Al lado del triatlón virtual hay unas gradas para que los espectadores puedan presenciar también los Juegos en una pantalla gigante. Incluso hay hamacas. Se sirven cervezas y toda clase de bebidas. Los aficionados miran más a los locos del triatlón que a la gran televisión. El mayor sufrimiento para la inglesa que nada en la piscina es ver a un escocés de ciento veinte kilos beberse una jarra de litro de cerveza mientras la observa con ojos de pena. "¿Quieres un poquito?", le dice desde la distancia el maltratador psicológico. A eso se le llama machismo olímpico.





