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El incidente registrado el sábado por la noche entre policías locales y vendedores ambulantes en el centro de Alicante, en el que resultaron heridos dos agentes, no es el primero que se produce en la Comunidad Valenciana, aunque en la capital alicantina se considera, en palabras del concejal de Seguridad Ciudadana Juan Seva, «un fenómeno nuevo».
Seva anunció ayer que la Policía Local y la Nacional han establecido un dispositivo para identificar y detener a los autores de la agresión. El único detenido hasta ahora era presuntamente miembro del grupo que acorraló a los efectivos, aunque se ha descartado que participara personalmente en el ataque.
A finales del pasado mes de junio la tensión también se hizo palpable en Torrevieja tras la detención de cinco «manteros» acusados de atentar contra la autoridad. Aunque finalmente fueron puestos en libertad con cargos, sus compatriotas, de nacionalidad senegalesa, protestaron ante los Juzgados de la localidad para denunciar lo que consideraban «un trato discriminatorio» por parte de los agentes. La protesta se saldó con algunos incidentes a la salida del Juzgado de los detenidos.
Ya el verano pasado, también se registraron incidentes en Peñíscola, donde otro vendedor ambulante, también de origen senegalés, fue detenido y acusado de agredir a varios agentes de la Policía Local. Sus compatriotas, sin embargo, afirmaron que recibió varios disparos de aire comprimido en el tórax. La detención provocó una concentración frente al Palacio de Justicia de Vinarós, en protesta por lo que los manteros consideraron una «persecución racial».
Grandes redes de mafias
Durante los últimos años, la Policía ha extremado las campañas de control sobre la venta ambulante, que durante el verano se concentra en las zonas de especial atractivo turístico de la Comunidad. El hecho de que la responsabilidad de estos operativos recaiga habitualmente sobre los cuerpos de la Policía Local, menos preparados para enfrentarse a disturbios multitudinarios como el registrado el sábado en Alicante, ha acabado por poner en riesgo la integridad de los agentes. La actividad de los vendedores ambulantes depende con frecuencia de mafias que suministran artículos de imitación de conocidas marcas, lo que genera a estos grupos organizados ingresos millonarios.





