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Guerra de grafiteros en el barrio de Pacífico

Ya son casi una decena los dibujos de los cierres de varios comercios que han aparecido con pintadas ofensivas hacia los autores de las obras

Día 06/08/2012 - 15.54h

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En el amor y en la guerra todo vale. Y los grafiteros del madrileño barrio de Pacífico no son la excepción que confirma la regla. Si alguien osa a atentar contra una de sus piezas o su liderazgo es cuestionado por aquellos que son ajenos a la zona que consideran de su dominio, la batalla está servida.

Hace unas semanas, varios comercios (una joyería, una tienda de armamento, un bar, una parafarmacia y una cerrajería, entre otros) de la zona encargaron a «Zet», «Zoer» y a «Muerto» –como ellos suelen firmar– el diseño y la decoración, mediante la técnica grafitera del spray, de los cierres de sus establecimientos.

Inmediatamente después, un día tras otro, aparecieron destrozadas con una raya que los cruzaba por en medio e, incluso, con palabras que lanzaban mensajes de odio e insultos hacia los autores. Ya suman casi una decena las verjas de las tiendas dañadas. En algunas ocasiones, varias veces la misma valla a pintar y estropeada a propósito con éxito.

«Ofensa contra el honor»

Todo comenzó cuando «Teide», uno de los grafiteros y tatuadores más famosos y reconocidos entre los entendidos del mundillo, decidió atentar contra las obras de estos tres amigos. Se había sentido ofendido porque le habían pisado las piezas con las que tanto tiempo había reinado en las entradas de los comercios de la calle Valderribas y en la calle Juan de Urbieta.

Pero, sobre todo, lo que más le molestaba era que unos «chavales de San Blas vinieran a quitarle su espacio por dinero», afirma el grafitero y conocido de los autores de las piezas, «Pole». De poco sirven ya los 300 euros invertidos en cada cierre por los comerciantes, quienes ya no se prestan a volver a intentar mejorar la entrada de sus puertas, según nos aseguran fuentes cercanas a los propietarios.

Bajo la óptica de la ley, es totalmente lícito que una persona sea contratada para embellecer la puerta de un establecimiento a cambio de un salario por obra. Sin embargo, esta es una historia de venganza alimentada por el deshonor de un grafitero herido, en la que sólo rige la ley del más fuerte.

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