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Internacional / ANIVERSARIO DE LOS DISTURBIOS

Cuatro historias de desasosiego urbano que las escobas no lograron barrer

Varios vecinos de los puntos más calientes de la violencia de agosto de 2011 retratan para ABC un paisaje urbano lleno de interrogantes con el contradictorio trasfondo de Londres 2012

Día 06/08/2012 - 15.33h

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Un recorrido por los escenarios de los incidentes más graves de los disturbios de agosto de 2011 permite recoger la desoladora estampa de solares vacíos de comercios que ardieron pasto de las llamas [aquí puedes ver el «antes y el después» de varios lugares], y captar el desasosiego urbano de algunos de sus protagonistas. La reacción cívica de muchos vecinos, que limpiaron sus calles con sus propias escobas, y la financiación extra de esta temporada olímpica no alivian del todo las heridas de tres noches de violencia y saqueo [así contamos entonces «24 horas en el Londres asediado»] en la capital británica.

1. Claude Marage (Hackney): «Recuperaron así sus impuestos»

Cobra 630 euros a la semana barriendo las calles de Hackney, siete días a la semana, domingo incluidos. Y está contento. «No quiero volver a la cola del paro, quiero demostrarles que puedo trabajar duro», nos cuenta Claude Marage, un hombre afable de 54 años nacido en el barrio de familia india y jamaicana. Ha encontrado trabajo con un contrato temporal por los Juegos Olímpicos. Estamos a solo tres paradas en el metro elevado del Parque Olímpico de Stratford, y las calles deben estar limpias.

Su carné de conducir le permite cobrar más que su compañero de brigada de limpieza, un yugoslavo que cobra 600 euros a la semana. Es optimista con respecto a la recuperación del barrio que vio algunas de las escenas más violentas en los disturbios de hace un año. «A los jóvenes les pagan 200 euros a la semana por contratos de aprendizaje, están regenerando así el barrio, con programas de prácticas en Correos, en el [supermercado] Tesco o en la limpieza; cuando yo era joven había oportunidades así en todas partes, ahora creo que están volviendo», nos explica, apartando un momento la escoba para compartir sus opiniones.

La duda, de Claude y de todo el barrio, es si esa financiación seguirá ahí después de las Olimpiadas, en plena era de la austeridad. Su análisis del estallido de violencia de hace un año es claro: «Fue una manifestación de frustración, chavales de todos los colores que exigían un lugar en la sociedad, y que recuperaron de esa manera sus impuestos». El reto del gobierno británico es aplicar recortes de gasto social y juvenil en barrios como Hackney sin asfixiar las ollas del descontento urbano.

2. Kirk (Clarence Road): «Ya no viene nadie porque le tienen miedo a esta calle»

Cuatro historias de desasosiego urbano que las escobas no lograron barrer
david salas
Kirk, sentado en Clarence Road

Clarence Road, en Hackney, fue escenario de algunas de las escenas más violentas, especialmente el lunes 8 de agosto, protagonizadas por jóvenes encapuchados que saquearon muchos pequeños comercios de una calle más conocida por su cercanía al Pembury State, un bloque de viviendas sociales de reputación conflictiva. Kirk, un jamaicano de 37 años que vive en la calle desde que heredó un pequeño restaurante caribeño de su tío hace diez años, no ha olvidado aquello ni un solo día.

«Antes, para las dos del mediodía había vendido toda mi carne, la calle estaba llena de coches y de gente que venía; ahora, he tenido que poner esta parrilla fuera porque no viene nadie, tienen miedo a esta calle». Kirk, que no quiere dar su apellido, estaba en su casa, justo encima de la tienda, cuando la manzana fue tomada al asalto por bandas de violentos que lo arrasaban todo a su paso. Kirk logró ahuyentar a los violentos, a diferencia de sus vecinos de la tienda de alimentación Siva’s Shop y la frutería de Clarence Fresh. El dueño de Siva's es reacio a hablar. «Hemos pasado página, y la prensa nos ha hecho mucho daño», nos dice.

Ambos coinciden en acusar a la prensa de haber situado el epicentro de las revueltas en este barrio, cuando el detonante estuvo algo más al norte, en Tottenham, tras la muerte de un vecino, Mark Duggan, por disparos de la policía. Pero, sobre todo, coinciden en un veredicto negativo sobre el prometido «efecto Juegos» en la regeneración del Este de Londres. «Creíamos que las Olimpiadas traería a la gente de vuelta, pero los Juegos han comenzado y aquí no hay nadie, estoy pensando en cerrar», dice Kirk. Es la hora del almuerzo y brilla el sol en la capital británica. Ante la ausencia de clientes, el joven jamaicano remueve de nuevo las costillas de cerdo en la parrilla.

3. Alex H. Croydon: «Todavía estoy esperando las medallas de la policía»

La High Road de Croydeon, un bullicioso punto comercial al sur de la capital, fue testigo de dos de las escenas más traumáticas de los disturbios londinenses del verano pasado. Aquí ardió para siempre House of Reeves, un carismático almacén de muebles fundado en 1867 que había sobrevivido a los bombardeos nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Hace un año, su propietario, Trevor Reeves –la quinta generación de la familiaa propietaria a cargo del negocio– hacía esta promesa a ABC, mientras observaba, el 10 de agosto de 2011, como las máquinas de demolición hacían su trabajo: «Sufrimos la Gran Guerra, después años de crisis, más tarde la Batalla de Inglaterra y la furiosa Segunda Guerra Mundial, y aquí seguimos. ¿Sabe lo que digo? Si quieren comprar un mueble, vengan a Reeves. Abriremos lo antes posible las tiendas que no quemaron estos salvajes. Lo llevamos en la sangre. Vamos a reconstruir esto como sea».

Un año después, un mural de fotografías de casi 150 años de historia recubre un solar vacío. Las llamas no dejaron nada. el mismo fuego que obligó a una joven polaca a sacar de una vivienda en llamas por la ventana, otra de las escenas más icónicas de aquellas jornadas de violencia. La ventana está situada encima del negocio de tatuajes que regenta Alex. Ha dejado el trauma detrás, pero sigue furioso. «La Policía me prometió medallas y reconocimiento si no contaba lo que ocurrió aquí aquella noche, y todavía sigo esperando». Varios vecinos insisten en la misma idea: la Policía asitió impávida a la destrucción de los comercios de la zona. Tras las llamas llegó la prensa. Según nos explica Alex, los tabloides llegaron a ofrecerle hasta 20.000 libras (25.000 euros) por una entrevista. Él mantuvo la boca cerrada. Ahora se pregunta por qué. Fue uno de los vecinos que ayudaron a coger a Monika Konczyk cuando saltó del edificio ardiendo.

4. Monika Konczyk, Croydon: «Quiero que mi vida vuelva a la normalidad, pero a veces me pongo nerviosa»

Esta joven polaca de 33 años todavía no se cree que es la protagonista de una de las fotografías más impresionantes de la orgía de destrucción y saqueo del verano de 2011. «No recuerdo lo que sentí cuando caía, fue tan rápido», explicaba a finales de julio, cuando quiso dar públicamente las gracias al agente de policía que le cogió tras saltar de su apartamento en un primer piso de un edificio en llamas en Croydon, colindante con la House of Reeves. «Me gritaban "¡salta, salta!", no cerré los ojos, solo miraba al policía debajo, pero no podía ver su rostro porque tenía el equipo anti-disturbios.

«Quiero que mi vida vuelva a la normalidad, pero a veces me pongo nerviosa», dice. Según cifras obtenidas por varios diarios gracias a la ley de transparencia, los cuerpos de policía han tramitado en un año más de 4.500 solicitudes de indemnización por daños. Unos 1.350 han recibido ya más de 10 millones de libras en compensación. Pero, según «The Guardian», 2.300 solicitudes han sido rechazadas o desatendidas. Al traumático recuerdo de cuatro jornadas de violencia vecinal se suma en la Inglaterra olímpica el efecto de un daño emocional y económico no saldado.

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