En Vídeo
En imágenes
Llegó para triunfar, poniendo al público de pie gracias a su talento y poder de comunicación. Considerado dueño de una de las voces de tenor lírico más perfectas del actual panorama internacional, Ramón Vargas debutó el jueves en el Festival Castell de Peralada (Girona) con un recital íntimo en la Iglesia del Carmen, ofreciendo un programa fascinante, generoso y muy bien equilibrado.
La devoción del evento ampurdanés por las voces, especialmente por la de tenor, no podía dejar de contar en sus anales con esta voz preciosa, natural, viril, que recuerda la madera y la luz, un auténtico regalo para sibaritas. En su generosa línea de canto las arias antiguas cobraron una nueva dimensión, profunda, dramática, aunque sin renunciar a las sutilezas.
Pero también hubo arias de ópera, y con su “Aura amorosa” dibujó al mejor Ferrando imaginable, cargado de acentos heroicos. Saludado esta temporada como un “Don Ottavio de lujo” en el Metropolitan de Nueva York, Vargas volvió a dejar claro el calificativo con un "Mio tesoro" de manual, coloraturas incluidas, pero pleno de carácter, sacando pecho con el control del “fiato”, con el fraseo y la intención.
El aria de “Il Duca d'alba”, de Donizetti cerró por todo lo alto la primera parte, seguida por unas deliciosas canciones de Verdi, escritas "como si fueran arias de ópera", según el propio tenor mexicano al presentarlas; y como tal las afrontó, ideales para exhibir el toda su plenitud su timbre lírico aterciopelado y brillante. Su poder de comunicación no solo se demostró en el canto, sino también en sus muchas intervenciones habladas explicando anécdotas relacionadas con las piezas, para acabar poniendo al público a sus pies con la “Tarantella” rossiniana que cerró el programa. Regaló “Estrellita”, de Ponce, y una emocionante –e impresionante- “Te quiero, dijiste” (“Muñequita linda”), de María Greber.
Desde el piano, Mzia Bachtouridze se movió con presteza por el amplio catálogo estético de este espléndido recital.




