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Egipto tiene nuevo gobierno. El primer ministro, Hisham Qandil, ha nombrado a los 35 ministros que formarán un Ejecutivo con dos prioridades claras: la economía y la seguridad. El mariscal Mohamed Hussein Tantaui, jefe de la junta militar, mantiene la cartera de Defensa, y otros seis ministros del anterior gobierno también guardarán sus puestos, entre ellos el de Exteriores, Mohamed Kamel Amr, y el de Finanzas, Mumtaz al Said.
«Todos estamos en el mismo barco», ha dicho el primer ministro Qandil
«Este es un gobierno del pueblo, no pertenece a una tendencia u otra», ha dicho esta mañana Qandil en su primera rueda de prensa desde que fuera designado por el presidente Mohamed Mursi el pasado 24 de julio. «Todos somos egipcios de la República Árabe de Egipto. El periodo en el que nos adentramos no será fácil, y me quedo corto; y todos estamos en el mismo barco», ha expresado el primer ministro, quien ha pedido a los egipcios que respalden al presidente ante los inmensos retos a los que se enfrenta el país.
El nuevo gobierno está formado en su gran mayoría por tecnócratas, y sólo cuatro de los nuevos ministros –Juventud, Vivienda, Educación e Información- están afiliados al Partido Libertad y Justicia, el brazo político de los Hermanos Musulmanes, de los que procede Mursi. El propio Qandil no forma parte de la cofradía, aunque se le considera cercano al grupo islamista.
Promesa incumplida
Con la composición del nuevo gobierno, Mursi parece haber intentado aparcar los miedos de una parte de la población que temía que los islamistas acabaran controlando todos los poderes. Sin embargo, no ha conseguido cumplir con su promesa de que el Ejecutivo representaría todas las tendencias, ya que, excepto los ministros del PLJ y otro del partido islamista centrista Al Wasat, las formaciones políticas egipcias no tienen representantes en el nuevo gobierno.
El Gobierno deberá hacer frente a una economía devastada y a una tensa situación política
El nuevo titular de Justicia, un ministerio denostado en el pasado por su corrupción, es Ahmed Mekki, un prominente y popular juez que en el pasado no dudó en apoyar sentencias contrarias a los intereses del régimen de Hosni Mubarak.
El flamante gobierno, el primero que se nombra desde que Mursi fuera investido presidente el pasado 30 de junio, deberá hacer frente a una economía devastada y a una situación política aún tensa sin Parlamento y sin Constitución. Además, en los últimos días se han registrado algunos casos de violencia sectaria en la población de Dashur, a las afueras de El Cairo, en la que tras una disputa entre un vecino musulmán y otro copto, una turba incendió varias viviendas cristianas y una iglesia.










