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Miedo

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Y digo yo que si un presidente de Gobierno anima a sus convecinos a marcharse de su tierra es que ha perdido el Norte

Día 01/08/2012 - 03.20h

SI tuviésemos que buscar alguna similitud en las formas de gobernar de Mariano Rajoy y Paulino Rivero, posiblemente la encontraríamos en la aversión que tienen hacia el riesgo, hacia ese desagradable sentimiento que conocemos como miedo. Ese temor, por ejemplo, es el que hace a Rajoy equivocarse al machacar el bolsillo de los funcionarios y no acometer la reforma del desmadre territorial de España, cuya estructura política y administrativa no solo ha vaciado de contenido al Estado en favor de las comunidades, sino que ha propiciado la desconfianza de los mercados. Los ciudadanos exigen de Rajoy que tenga coraje para transformar el Estado. Un Estado en el que las comunidades autónomas hacen prevalecer su egoísmo para funcionar como si de pequeños estados se tratase, hasta que las necesidades les aprietan y tienen que recurrir a «papá» Estado en busca de ayuda. Pequeños estados que, además, han cargado su estructura administrativa de personajes sin capacidad de gestión, llegados de la mano de amigos y familiares.

Pero Rivero, en su ámbito territorial, tampoco ha tenido valor para meterle mano a su hipertrofiada administración y, de paso, terminar de una vez con el clientelismo y toda su parafernalia. En su caso, el miedo a perder los pocos apoyos que le quedan dentro de CC no le deja ver más allá de su egoísmo partitocrático, olvidándose de que es el interés general el que debe prevalecer en cualquier forma de gobernar. Pero el miedo de Rivero está también bajo la influencia de sus socios de Gobierno, los socialistas, quienes le han forzado a alinearse, junto a un frente autonómico montado por las comunidades gobernadas por ellos, contra las medidas adoptadas por el Gobierno de Rajoy. Aunque luego, cuando ve asomar el peligro, utiliza su cinismo para solicitar la ayuda que necesita.

Pero no quiero terminar sin que hagamos una reflexión en torno a la nueva «perla» que nos ha dejado el presidente Rivero. Ha dicho que «el futuro de Canarias pasa por emigrar», si falla una renovación y modernización turística en el sector que él pondrá en marcha (sic). Y digo yo que si un presidente de Gobierno anima a sus convecinos a marcharse de su tierra es que ha perdido el Norte. Es de una irresponsabilidad clamorosa. Porque su obligación como responsable máximo de las islas es trabajar para conseguir el mayor bienestar de sus ciudadanos. Y en ese sentido, en lugar de tantos paseos aéreos y tantas insolencias proféticas, debería ponerse a trabajar hasta terminar con el paro, el empobrecimiento, el clientelismo, el amiguismo y las afinidades ideológicas, que conforman esa lacra que ha enervado el debate público y nos amilana. En fin, una perla irresponsable más de Rivero que, en cualquier otro país del mundo, solo admite como respuesta su dimisión y, por supuesto, su emigración.

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