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El sector de las infraestructuras tiene que hacer frente a los recortes, pero, a la vez, no detenerse. Durante décadas ha sido un área estratégica para España, con la construcción como motor de la economía. Tras el desplome del ladrillo, y con la crisis más erizada que nunca, el sector debe reinventarse. Como marco base, el Plan de Infraestructuras, Transporte y Vivienda (PITVI) del Ministerio de Fomento, con el año 2024 como horizonte temporal, que está previsto que el Ejecutivo apruebe en Consejo de Ministros en septiembre. Se trata de una medida «basada en el examen de la situación actual», según anunció el Ministerio en febrero, cuando dio a conocer el Plan. Se impone, pues, una gestión más racional de las infraestructuras. «El tiempo de las obras faraónicas, de los convenios sin dinero y de los aeropuertos sin tráfico ha terminado», advirtió la Ministra de Fomento, Ana Pastor, en su primera comparecencia parlamentaria.
En un principio, los técnicos del ministerio cifraron en 225.000 millones de euros la inversión prevista en el Plan. Sin embargo, al parecer el monto final será muy inferior.
Mientras llega la aprobación del Plan, el Gobierno ya ha dado un paso hacia un nuevo panorama de las infraestructuras liberalizando el transporte ferroviario. Desde el 31 de julio de 2013 quedará abierto el mercado del tráfico de viajeros nacional. Con esta medida, el Gobierno planea ofrecer un mejor servicio y precios más bajos, gracias a la entrada de competencia en el sector.
Con la liberalización, Renfe quedará estructurada en cuatro sociedades, cada una de las cuales se encargará de un área estratégica: viajeros, mercancías y logística, fabricación y mantenimiento y operaciones de arrendamiento y otras vinculadas al activo ferroviario. Además, Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha (FEVE) se integra en Renfe y Adif (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias). De este modo, se segrega la parte de infraestructuras, que pasa a Adif, de la parte de operación, que pasa a Renfe.
Mirar al exterior
Esta misma semana el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García-Margallo, ponía rumbo a Latinoamérica con el fin de lograr contratos para las empresas españolas, sobre todo en el sector de las infraestructuras. Y la semana anterior, junto con el Rey, había hecho lo propio en Rusia, un país con enormes posibilidades para las empresas extranjeras, gracias al gran crecimiento de su economía: según los últimos datos, en el primer semestre de 2012, su PIB se disparó un 4,4%.
Y es que el exterior puede insuflar una buena cantidad de oxígeno a las empresas nacionales del sector. Brasil y otros países latinoamericanos, donde hacen falta grandes obras públicas, son un destino muy jugoso.
Un buen ejemplo de lo que ofrece el exterior está de actualidad esta semana: los Juegos Olímpicos de Londres. La española FCC ha construido parte del Centro de Prensa que albergará a los medios; Ferrovial se ha encargado de la creación de una terminal adicional en el aeropuerto de Heathrow y Acciona ha construido una nueva desaladora que permitirá hacer frente a la gran demanda hídrica que supone un evento de esta magnitud.







