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El odio al comentarista deportivo es tan viejo como la televisión. Siempre hemos gritado improperios a la tele, solos o en compañía de otros. Y toda la vida se ha escrito sobre los locutores. Pero llegó Twitter y se desparramaron los comentarios. Lo que antes se gritaba en casa acaba en 140 caracteres para todos. Luego los medios tradicionales funcionan como amplificadores del estornudo social. Hay un lugar común de ‘Gran Hermano’ que dice que en la casa todo se magnifica.
En Twitter, más. Sobre todo cuando se hincan con alguien, caso de Sara Carbonero, que ya estaba curada de espanto cuando preguntó a Iniesta si le habría gustado lanzar un penalty. Hubo un tiempo en que esta red social era una cosa que tenía Ashton Kutcher. Ahora está extendida. Aunque sigue siendo minoritaria; más gente ve la televisión.
A Gregorio Parra (atletismo) o a Pedro González (ciclismo) también se les ponía verdes. Y a Juan José Castillo. No era solo el “entró, entró”, también se inventaba lo de “demasiado apoyado” cuando un tenista fallaba. Al gran Andrés Gimeno se le podía escuchar “este es un punto importante” (en un ‘match ball’). Los comentarios deportivos son un tradicional vivero de gazapos, pifias y comentarios que no gustan.
Paloma del Río, una de las tres comentaristas de la ceremonia de inauguración de Londres 2012 lleva 12 citas olímpicas. Como especialista en patinaje y gimnasia, es adorada por muchos, pero otros no pueden soportar que de pronto diga “Esta música es espantosa” (de la que la israelí Irina Risenson llevaba en mazas en 2008). O que utilice expresiones como “Lo ha petado”. Paloma pasó casi inadvertida y si algo no gustó de ella en la inauguración (alguna pronunciación de nombre imposible) se le adjudicó a María Escario, que en Twitter ha asumido hasta los errores que no fueron suyos.
Es sorprendente que una de las críticas a María Escario durante la ceremonia de inauguración fuera por calificar como mocetón al abanderado de Hungría o a Daniel Craig. Ni que hubiera dicho buenorro. Pero no olvidamos que en los fastos de celebración de la Eurocopa 2008, y con las calles llenas de ciudadanos latinos, preguntó al compañero que estaba en la calle: “¿Has echado algo en falta en los bolsillos?”. Luego se disculpó. Carol Thatcher perdió su trabajo en la BBC cuando comparó a Gaël Monfils con un golliwog, muñeco que efectivamente es igual que el tenista (se consideró un comentario racista).
Sergio Sauca es otro blanco de burlas por confundir los nombres de los futbolistas (Kevin Rooney es una de sus invenciones). Fuera de toda calificación, Manolo Lama cuando en la final de la Europa League en Hamburgo se puso delante de un mendigo y pidió a los aficionados del Atleti que le echaran monedas, bufandas o lo que fuera. “Por lo menos esta noche podrá ver el partido con algo caliente para comer”, dijo.
La última en incorporarse al club (por creer que el micrófono estaba cerrado) ha sido Julia Luna al llamar “mataos’ a los nadadores de una serie menor. De todas maneras, sus retransmisiones de natación junto al ex nadador Javier Soriano están siendo los momentos más excitantes de los Juegos hasta ahora.










