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No hay toros en La Monumental y desde la Generalitat solo se cuenta con Balañá y Matilla para las compensaciones económicas. ¿Alguien pensaba otra cosa?
Desde la Conselleria de Economía se ha lanzado un aviso a navegantes al admitirse sólo dos de las casi treinta demandas del sector taurino para pedir compensaciones económicas por la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. Solo dos, las del propietario de La Monumental y la del empresario. Balañá y Matilla entran en el bombo de las indemnizaciones, del que salen toreros, ganaderos, empresas de transporte de ganado o de publicidad, que ya no pueden ejercer su profesión en esta tierra.
Y decía que era un aviso a navegantes, pues la intención de la Generalitat es despachar el asunto con unos «miles de euros», frente a las cifras millonarias que barajan los afectados. Claro, que estos hablan poco, especialmente la propiedad de la plaza. Pedro Balañá, tótem de la casa, dijo durante la pasada Feria de la Mercè que en 2013 habría toros. Hubo cábalas sobre aquellas palabras que nadie acertó a poner en el actual contexto de prohibición.
No hay toros en La Monumental y desde la Generalitat solo se cuenta con Balañá y Matilla para las compensaciones económicas. ¿Alguien pensaba otra cosa? Silencio de la propiedad y unas palabras de Antonio Matilla que únicamente se refieren al dinero: «Que pidan más rescate para pagar lo que han prohibido. Ya que lo piden que tiren por elevación porque las indemnizaciones no les van a salir baratas a la Generalitat».
En la situación económica actual, con la solicitud del Govern de dinero del Fondo de Liquidez Autonómico para afrontar su normal funcionamiento - desde el pago de nóminas a los servicios sanitarios-, no se sabe cómo admitiría la ciudadanía una compensación millonaria por prohibir una decena de festejos taurinos en Barcelona. Pero al margen de ese contencioso, se echa de menos alguna referencia al futuro por parte de quien ha gestionado el coso barcelonés en los últimos años. Que luche por lo que sin duda es suyo, pero no es bueno olvidar el compromiso que existe con los miles de aficionados que sostenían la plaza, esa a la que acudían «más espectadores que al baloncesto», según el propio Matilla.



