«No hay lloros que valgan». Como si de padres severos se tratara, la Federación Internacional de Esgrima no se ha dejado conmover por las lágrimas de la tiradora Shin A Lam y ha desestimado el recurso presentado por la Federación de Corea del Sur. En su comunicado señalan que es «competencia del árbitro determinar cuando se termina un combate» y que «no se puede modificar su decisión».
Aunque a algunos les pueda parecer exagerada su reacción, lo cierto es que Shin A Lam tenía buenos motivos para su desconsuelo. A falta de tan solo un segundo, la tiradora coreana empataba a 5 su combate de semifinales ante la alemana Brietta Heidemann. Cuando el árbitro dio la orden de reanudar el combate, Lam detuvo las dos primeras estocadas de su adversaria, pero recibió la tercera, convencida de que el combate había terminado. No era así. La encargada del cronómetro no había puesto en marcha el reloj y, legalmente, el combate seguía. El árbitro dio el triunfo a la alemana. Fue entonces cuando Shin, al igual que hemos hecho todos cuando eramos pequeños y estábamos convencidos de que se ha cometido una injusticia contra nosotros, se quedó durante casi una hora en la pista, llorando e impidiendo que siguiera la competición.
Finalmente, su lloro ha valido de poco. Desconsolada, perdió también el combate por el bronce. Ahora, el rechazo de la reclamación acaba definitivamente con sus esperanzas de obtener metal. En su desgracia, nos ha regalado la que es sin duda una de las postales de los Juegos.




