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Adiós al cantante que inspiró su carrera musical en Carlos Gardel. Alvin Morris, más conocido como Tony Martin, murió por causas naturales a los 98 años en su residencia de Los Ángeles, según confirmaba la también cantante y amiga Beverly Scott.
Contemporáneo de Bing Crosby y Frank Sinatra, con quienes mantenía una estrecha relación, Martin, ídolo de toda una generación de féminas tras la Gran Depresión, se caracterizó por tener una voz romántica y melódica inspirada en los tangos y, sobre todo, en Carlos Gardel, de quien adaptó «Adiós muchachos» en 1958 en su LP «I Get Ideas». Además, sus éxitos incluyeron «To Each His Own», «Begin the Beguine», «There's No Tomorrow» y «Kiss of Fire», una adaptación de otro tango, «El choclo», de Angel Villoldo y Enrique Santos Discépolo.
Martin creció en el seno de una familia pobre judía de origen ruso, a caballo entre las ciudades de San Francisco y Oakland, donde sacó a relucir el potencial de su voz en los clubes nocturnos y, sobre todo, en las radios locales. Esas actuaciones, unidas a su voz potente y apasionada, le permitieron aprovechar el tirón que tuvieron los musicales en el Hollywood de los años 30 y 40, actuando en un total de 25 películas.
Así, Twentieth Century-Fox en 1936 fijo sus ojos en este melodioso e imponente cantante de 1,83 metros de estatura, firmando un contrato por el que Martin aparecería por vez primera en la gran pantalla en el musical «Sing Baby Sing», protagonizada por su futura esposa Faye y que presentó a los Hermanos Ritz como una versión más frenética de los Hermanos Marx. El acuerdo con la Fox incluyó también su participación en musicales como «Locuras de estudiantes», con una joven y espectacular Judy Garland, «Banjo on My Knee», o «Alí Babá en la ciudad», como filmes más destacados.
Terminado el idilio con Twentieth Century-Fox, en los años 40 Martin aterrizó en la Metro Goldwyn Mayer (MGM) y cantó en películas como «Las chicas de Ziegfeld», de Robert Z. Leonard, donde aparecía nuevamente con la atractiva Judy Garland, acompañado además por el inolvidable James Stewart y la sensual Lana Turner. En «Tienda de locos», Martin ponía voz a las escenas musicales donde los míticos Hermanos Marx daban rienda suelta a su inolvidable ingenio y desparpajo. Terminaría sus años en la Metro con «Cuando pasen las nubes», o «Fácil de amar», junto a la sirena Esther Williams.
Lejos de los grandes estudios, en 1948 produjo y protagonizó «Casbah», una bien recibida versión musical de «Argelia» con música de Harold Arlen y Leo Robin. Aprovechó la buena acogida de público y crítica para realizar giras por Europa, lo que le valió un contrato anual en el Palladium de Londres.
En el terreno personal, Martin se enamoró de Faye, la misma con la que había arrancado su carrera cinematográfica en 1936, casándose un año más tarde en Los Ángeles. Ambos formaron una de las parejas más apuestas de Hollywood, pero como buen matrimonio «hollywoodiense» se vino abajo por roces relacionados con conflictos de trabajo y el divorcio quedó formalizado dos años después. Entonces Martin conoció a Cyd Charisse, las piernas más largas de Hollywood y su verdadero amor que surgió en una cena ofrecida por el agente de ambos. Con ella se casó en 1948. Esta relación tuvo más éxito que la primera, llegando a realizar giras musicales conjuntas y poniendo la guinda a tan romántico idilio con la doble biografía «The Two of Us», donde Martin dejaría para la posteridad su amor por la música.
«Siempre toqué uno que otro instrumento, real o imaginario. Al principio, claro, mi música fue sólo para mi propia diversión. No lo reconocí de inmediato como mi pasaporte para salir de la pobreza», aseguró.
Su vida se ha apagado, pero su voz siempre quedará para la posteridad en la memoria de sus incondicionales seguidores.






