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La supervisión de los mercados bursátiles y financieros será controlada durante los próximos años por una mayoría cualificada de expertos económicos y juristas criados en la cantera socialista durante la etapa de Zapatero
Lo importante no es llegar, ver y vencer, sino hacerlo sin mojarse en ningún Rubicón. Avanzando paso a paso, como quien no quiere la cosa, hasta colarse de rondón en la sala de máquinas del sistema bancario español. Así es como un socialista de postín se ha incrustado en la guardia pretoriana del ministro de Economía. Luis de Guindos simplemente cumplía órdenes cuando vetó la designación de Soledad Núñez como subgobernadora del Banco de España. En su lugar, el PSOE designó a Fernando Restoy con el beneplácito del amigo Luis Linde. El hasta hace poco vicepresidente de la Comisión de Valores es ahora el lugarteniente más destacado de la tropa de Rubalcaba de cara a la reordenación de poderes que se quiere llevar a cabo en el mercado empresarial y financiero a partir de septiembre.
Mariano Rajoy ha actuado como todo un caballero español, incapaz de aplicar esa máxima guerrera por la cual al enemigo ni agua. El Partido Popular está acomodado en los laureles de su incontestable mayoría absoluta y no ha reparado en que la crisis galopante ha fragmentado la credibilidad del Gobierno, alimentando una conflagración parlamentaria que se alienta mediante la agitación callejera y contamina al resto de instituciones del Estado.
La primera en la frente se la ha llevado Soraya Saénz de Santamaría, obligada a guardar en el cajón ese improvisado proyecto que ella misma anunció hace meses con el fin de crear en España un regulador único de todos los sectores económicos supuestamente liberalizados. La Comisión Europa ha frenado en seco las ínfulas de la vicepresidenta porque a las autoridades comunitarias de Bruselas no les hace ninguna gracia que los países miembros de la Unión recorten las atribuciones de los organismos supervisores hasta convertirlos en esbirros del poder establecido.
La novatada ha provocado una reacción contraproducente en el seno de entidades que Elena Salgado y Miguel Sebastián plagaron de insignes comisionados socialistas, muchos de los cuales se han sentido ahora reforzados después de verse prácticamente desahuciados. El más flamenco sin duda es el presidente de la Comisión Nacional de la Competencia, Joaquín García Bernaldo de Quirós, que permanece atado al palo mayor de su más independiente consejo de administración para no escuchar los cantos de sirena procedentes de Moncloa. Los daños colatelares del tira y afloja entre la CNC y el Gobierno se han cebado en contra de Antena 3 y La Sexta que, salvo mejor opinión del ministro de Economía, se han quedado descompuestas y sin un acuerdo de fusión por el que suspiraban desde hace tiempo.
Con independencia de las quinielas que apuestan por un rescate oficial de España este mismo mes de agosto, está claro que Luis de Guindos va a tener por delante un otoño muy caliente. Para enfriar el ambiente sería fundamental que el Banco de España y la CNMV trabajasen
en armonía con unos responsables ministeriales que empiezan a padecer claros síntomas de fatiga. Fernando Jiménez Latorre está abrasado en su papel de secretario de Estado de Economía y no parece que pueda aguantar mucho tiempo como escudero de un ministro al que se le amontonan los problemas. Su destino natural podría ser la propia Comisión de Valores como vicepresidente de Antonio Sáinz de Vicuña o Elvira Rodríguez, los dos candidatos que más suenan para sustituir en octubre a Julio Segura.
Pero por delante de todos ellos, y a bastantes cuerpos de distancia, el hombre clave para conocer los entresijos regulatorios de las altas finanzas es el otro Fernando, de apellido Restoy y procedente del antiguo régimen zapateril. El número dos del Banco de España ocupa también la presidencia del FROB, una atalaya excepcional de vigilancia a la que están llegando ilustres compañeros de fatigas en la CNMV, como Antonio Carrascosa o próximamente Alfonso Cárcamo. El subgobernador está tejiendo una tupida red en la que el equipo de Luis de Guindos puede verse atrapado a poco que la supuesta independencia de los reguladores adquiera carta de naturaleza como valor sagrado para recuperar la confianza de los inversores. No se olvide que la Comisión de Valores, también con Restoy como miembro nato del consejo, va a seguir dominada mayoritariamente por el grupo de consejeros socialistas al menos hasta mediados de 2014, cuando vence el mandato de Luis Pedroche.
Una vez más el Partido Popular no ha estado fino en el control del mando a distancia y ahora serán otros los que decidan cambiar de canal mientras Rajoy y sus ministros se desgastan en una lucha a pecho descubierto contra la crisis. El Gobierno no tiene más alternativa que pasar a la ofensiva en Europa. El problema es que lo va a hacer con la munición gastada de los ajustes y la retaguardia de las instituciones financieras muy poco cubierta. Malos indicios para una batalla que será decisiva a la vuelta del verano. Si es que para entonces no hemos perdido definitivamente la guerra.






