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Pido que me defienda Chuck Norris

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La correlación entre presupuesto, volumen de trabajo y efectividad del Diputado del Común debería ser tema de investigación sobre asuntos paranormales

Día 29/07/2012 - 01.01h

En estos días azules de julio se fue Gregorio Peces Barba, uno de llamados padres de la Constitución. Por cierto, una Carta Magna con tantos padres que huelga decir lo que se piensa de la madre. Así nos gobiernan sus hijos. De Gregorio queda su trabajo y su espíritu de consenso, además de la archiconocida frase “conmigo no se atreven”, que paradójicamente podría resumir el mencionado espíritu de consenso que llevaba en sus venas.

En algunos miembros de su partido parece que esa frase caló hondo y la hicieron suya. Sin ir más lejos el actual Diputado del Común de Canarias, político de profesión -por su dilatada y variada carrera- e hijo de la unión temporal de empresas nacionalsocialistas -entiéndase nacionalistas y socialistas-, no se arruga y es capaz de salir a la calle con una cohorte de doce asesores, tres delegaciones y un presupuesto de tres millones de euros anuales financiada voluntariamente por el pisoteado populacho.

A un Diputado del Común se le supone valor para defender a los ciudadanos en sus relaciones no sexuales con la Administración Pública. Aunque a más de uno alguno le parezca que esté permanentemente ejerciendo la postura griega frente a lo público. En definitiva, al Diputado se le considera un elemento clave para evitar abusos de la maraña político-administrativa de nuestra región, véase Ayuntamientos, Cabildos y Comunidad Autónoma. Vamos, un centauro patrio enmascarado como el Guerrero del Antifaz acompañado en tan noble empresa por Sigrid, Goliath, Crispín y así hasta doce asesores.

En un tiempo de “Crisiscracia” como elemento denominador de todos los aspectos del a vida, el mayor abuso viene del cinismo y de la soberbia de quienes se les ha confiado temporalmente la gestión de lo público. Que una figura así disponga de un presupuesto anual de tres millones de euros, donde alrededor de dos millones trescientos mil se vayan en Capítulo I, no es precisamente evitar abusos de la Administración, sino que es un flagrante abuso de la Administración en sí; y ante el cual no tenemos donde ampararnos. La correlación entre presupuesto, volumen de trabajo y efectividad de la Oficina del Diputado del Común debería ser tema de investigación en cualquier programa que trate asuntos paranormales -así seguidito y de un tirón para evitar susceptibilidades-.

La arrogancia intelectual es la presunción de que entendemos totalmente una idea la primera vez que la escuchamos, sólo porque reconocemos las palabras. Así lo de Diputado del Común, otrora Defensor del Pueblo, suena a noble causa que nos defenderá ante cualquier problema con la Administración. Lo malo que pertenece a la Administración y ya se sabe que “el que parte y reparte”. Pero ellos piensan que si lo decimos rápido igual cuela.

Pueden pasar muchos años, quizás toda una vida, antes de llegar a la comprensión total de las ideas que nos venden. Incluso entonces, sólo llegaremos ahí si hemos usado estas ideas de forma personal y si la hemos contrastado con resultados observables y definibles por nosotros mismos. Hoy por hoy no tenemos elementos que contrasten los resultados observados, así que si no es mucho pedir, pido que me defienda Chuck Norris.

Buenos días, y por si no volvemos a vernos: Buenos días, buenas tardes y buenas noches.

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