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En el centenario de la Cámara de Comercio de Toledo
Desde antiguo, la publicidad ha sido complemento imprescindible de la actividad comercial. Los soportes y mensajes publicitarios son tan infinitos como lo es la creatividad humana. Su finalidad es incitar al consumo. Como aportación a este centenario, rescatamos en estas páginas culturales algunos ejemplos del ingenio poético y narrativo con el que comercios toledanos se anunciaban en la prensa toledana de antaño pretendiendo seducir a nuestros abuelos y bisabuelos.
Mazapanes, dulces y chocolates
En el mes de marzo de 2006 cerró sus puertas Casa Telesforo, una de las confiterías más populares de la ciudad. El negocio fue fundado en 1806 por Juan Sánchez Martínez, pasando luego a Telesforo de la Fuente, casado con una nieta suya. Con el traspaso, el local se convirtió también en café y salón de tertulias. En sus doscientos años de existencia, fue uno de los emblemas comerciales de la Plaza de Zocodover. Los mazapanes, pastas y pasteles elaborados en su obrador endulzaron las meriendas y postres de muchas generaciones de toledanos.
La verdad ante todo
Un amigo periodista,
con interés de obsequiar,
me ha ofrecido su diario
por si me quiero anunciar.
Yo le agradezco su oferta;
más no la quiero aceptar
porque la bondad del género
es inútil anunciar.
Para qué decir que es bueno
mi exquisito mazapán,
si hasta los del extranjero
le vienen aquí a comprar?
Que tengo buenos pasteles,
no me hace falta decir;
demasiado lo enaltecen
los que saben distinguir.
Si es las agujas de carne,
por qué las voy a anunciar,
cuando todo el mundo sabe
que ésta es mi especialidad.
Pastillas brea, especiales,
tampoco debo nombrar;
la demanda es más crecida
que puedo yo fabricar.
El gran surtido en fiambres
él solo lo recomienda,
y todo el público dice
que en esto es la primer tienda.
Que estoy en Zocodover,
no lo digo, ni es prudente;
todos saben donde vive
TELESFORO DE LA FUENTE.
El Día de Toledo, 4 de marzo de 1911
*****
Al ver que mis chocolates
cada vez se venden más,
me dicen buenos amigos
que los debo de anunciar.
Y que el público se entere
que es de buena calidad,
que tiene la libra antigua
y, en fin, decir la verdad.
Yo les digo, no os canséis,
que no los quiero anunciar
porque están solicitando
más que puedo fabricar.
Ya toda España lo dice
que se hace preferente
en toda casa de arreglo
el chocolate LA FUENTE.
El Castellano, 1 de mayo de 1915
Elegantes jabones franceses
En el último tercio del siglo XIX, el industrial francés Víctor Vaissier comenzó a fabricar unos jabones de lujo que comercializó bajo en nombre de «Príncipes del Congo». Rápidamente tuvo un gran éxito en todo el mundo, convirtiéndose en proveedor oficial de los Reyes de Bélgica, Rumania y el Bey de Túnez. Cimentó su popularidad en unas sugerentes etiquetas y envoltorios art nouveau e inundando las revistas ilustradas y periódicos de la época con simpáticas poesías alabando sus bondades. Una de estas rimas comenzaba así: Desde Toledo a Busongo / desde la China al Japón / no hay nada como el jabón / de los Príncipes del Congo.
En el año 1890, los toledanos que deseaban adquirir estos jabones podían hacerlo en la Peluquería de Valero, ubicada en la Cuesta del Alcázar nº 5. Se vendían a un precio de entre 0,25 y 2 pesetas la pastilla. Unos años después, también se podían adquirir en la droguería de Domingo García Frutos en la Calle del Comercio, 32. Este establecimiento, además, aparecía en la prensa madrileña como depósito de los exquisitos chocolates de los RR. Padres Benedictinos, que eran «el mejor y más apropiado de los alimentos», elaborándose con canela, sin ella y a la vainilla.
¡Que broma!
Me voy a quedar pelón
como el pellejo de un bombo,
de pensar en el jabón
que el gran VALERO buscó
de los Príncipes del Congo
¿A dónde va Don Simón
y el amigo Don Trifón
que me dan tal empellón?
vamos a casa VALERO
a comprarle el gran jabón
de los Príncipes del Congo.
Mi piel tersa y fina pongo
desde que en una ocasión
me lave con el jabón
que VALERO me mandó
de los Príncipes del Congo.
El Nuevo Ateneo, 15 de julio de 1890
*****
Hay en esta Droguería
(qué es muy de ustedes y mía),
para gustos diferentes,
artículos excelentes
de rica Perfumería.
Esencias tengo a elección
y jabones un millón
de clases que aquí no pongo,
sin olvidar el jabón
de los Príncipes del Congo.
Si de estudiar con exceso
queda el estómago preso
de un dolor grande y fatal,
tengo un agua estomacal
que cura enseguida eso.
Como tal agua no hay dos;
todos la rinden tributos
y vienen, de alivio en pos,
a Comercio, treinta y dos,
casa de GARCIA FRUTOS.
La Campana Gorda, 18 de mayo de 1897
Una hechura de postín
Las enseñanzas militares, implantadas en Toledo a mediados del XIX, generaron una floreciente actividad comercial. Junto a la venta de objetos de escritorio, casas de huéspedes, cafés, pensiones y otros alojamientos, las sastrerías especializadas en uniformes para alumnos y oficiales fueron algunos de los establecimientos más beneficiados. En 1897, la equipación completa para la Academia de Infantería costaba 325 pesetas en la sastrería de José Benegas, militar retirado y alcalde de Toledo en ese año.
Una de esas sastrerías fue la de José Bravo, sucesor de Cruz Pérez, en el número 44 de la calle del Comercio, esquina a la de la Sierpe. Su propietario se comprometía a ejecutar el uniforme de los aspirantes sin cargo previo, aunque no obtuviesen plaza, y se ofrecía a tomar medidas a domicilio a los residentes en Madrid. Este sastre trabajaba también la confección civil, ofertando trajes, gabanes y chalecos de fantasía más baratos que ninguna otra casa y admitiendo géneros para sus hechuras. Como decía en uno de sus reclamos, la Sastrería Bravo «es casa que prefiere muchos pocos». Además de disfrutar de un bajo precio, sus clientes paseaban por las plazas toledanas hechos un figurín…
Yo jamás he presumido
por mi pésima figura,
lo corto de mi estatura
y aire poco distinguido.
Y a pesar de ser torcido,
ayer hice la conquista
de una chica guapa y lista,
pues es sabido que al cabo
llevando un traje de BRAVO
no hay mujer que se resista.
El Eco Toledano, 4 de noviembre de 1911
Puñalada en Casa «Patro»
La ciudad de Toledo siempre ha contado con fondas, mesones, restaurantes y casas de comidas que han gozado de gran popularidad: la emblemática Posada de la Sangre, el Mesón del Lino, Royalty, Granullaque o la afamada Venta de Aires. Uno de esos lugares que tuvo el aprecio de los toledanos fue la Venta del Circo Romano, conocida también como Casa «Patro», que abría sus puertas en las cercanías del Jardín Escolar. En los años treinta del pasado siglo XX fue adquirida por Patrocinio Sánchez, conocido cocinero de la hostería Granullaque, quien anunciaba en la prensa de la época su esmerado servicio por cubiertos y a la carta, pepitos especiales, patata inglesa, pollos con tomate, paellas, vinos de las mejores marcas y las exquisitas perdices toledanas.
¿Crimen espeluznante?
En la Vega Baja, y en sitio conocido por VENTA CIRCO ROMANO, ocurrió el pasado jueves un suceso que, al principio, consternó el ánimo de los industriales que explotan la acreditada VENTA CIRCO ROMANO.
Estaba Patrocinio Sánchez, antiguo cocinero del Hotel Granullaque, hoy dueño de dicha industria, condimentando uno de esos menús que tanto le están acreditando, cuando sigilosamente se le acercó Chupichesgui, el más joven de los camareros, y le dijo con gran misterio:
- Señor Patro, ahí detrás me parece que están cometiendo un asesinato.
Se acercaron todos a la puerta frontera al celebre arco, y escucharon una voz cavernosa que decía:
- ¡Dale ya la puñalada!
- ¡Hazle rajas!
- ¡Sácale las tripas!
- ¡Esto se acabó!
Con la prudencia y el miedo que requiere tan trágica situación, telefonearon a las autoridades, que, personadas en el lugar del suceso, pudieron comprobar que eran unos amigos que estaban comiendo uno de esos exquisitos melones tempranos, que para gusto de los buenos paladares, ha traído el famoso frutero JOSÉ ALCOVER, que es el amo en esto de la buena fruta.
Heraldo Toledano, 3 de agosto de 1930
Además de vender frutas incomparables -así anunciaba su mercancía en los reclamos publicitarios de la época-, José Alcover eran asentador del pescados frescos, teniendo su tienda abierta en el número 22 de la calle Martín Gamero.










