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Hoy la ciencia está de luto. Don Fernando Jiménez de Gregorio, 101 años recién cumplidos, de bonhomía natural, se nos ha despedido para siempre, sin alharacas. Trabajador incansable e inagotable, se lamentaba hace unos meses de no poder escribir ya y de su imposibilidad para leer. Hombre con un gran sentido humanista, curioso científico por naturaleza formado en la Universidad Central, hoy Complutense de Madrid. Se dedicó corporal y espiritualmente a la enseñanza a la que siempre estuvo unido y por la que demostró gran apasionamiento, y aunque trataran de le engolosinarle como profesor universitario, nunca dejó su cátedra de instituto en Madrid.
Otra de sus grandes pasiones fue la investigación y el mundo de los archivos no le fue ajeno. Presumía de tener grandes amistades entre los profesionales de la documentación. Y en lo que yo se era cierto. La biblioteca auxiliar de esta institución tiene más de 230 registros bibliográficos suyos. Hay quien de más.
Inteligente y de gran capacidad intelectual ha sido colaborador asiduo en prensa escrita (casi hasta su final), gran divulgador y estudioso de su tierra. Tiene publicado sobre heráldica, sobre historia, sobre geografía, sobre toponimia, sobre los pueblos de la Jara, sobre Talavera, sobre Toledo, sobre Murcia, sobre Castilla La Mancha y sobre Madrid, tierras y gentes con las que siempre fue generoso. Vinculado con instituciones como el consejo superior de investigaciones científicas, la universidad de Murcia, la diputación de Toledo. Lleva el nombre del premio de historia de la ciudad de Talavera de la Reina, con el que muchas personas nos sentimos honrados y el del instituto de estudios históricos de sur de Madrid, donde ejerció profesionalmente su magisterio.
Tenía, pese a no parecerlo, un gran sentido de humor y llegaba a ser divertidísimo. Generoso, culto, humilde y sencillo, dio todo cuanto supo y pudo a cualquiera que se lo pidiera y jamás le oí la menor queja sobre nada, ni sobre nadie. Ni siquiera un «me cachis», cosa harto difícil en estos tiempos. Siempre fue fiel a todos y a todo y era además un gran patriota, con mayúsculas. Amaba profundamente a España por la que sentía una gran pasión y también le dolía.
Hace unos años, en una excursión por su amada tierra y en compañía de unos amigos, en el puente sobre el río Cedena junto a Villarejo, con los brazos abiertos pletórico exclamó; «¡viva la vida!». Yo cierro ahora este pequeño tributo a tan grande persona, y con un nudo en la garganta y un grito ahogado digo; ¡Viva don Fernando!.
Rafael Gómez Díaz, Archivero municipal de Talavera de la Reina y Licenciado en historia








