En Vídeo
En imágenes
Bruce Springsteen ha reconocido, en una entrevista que concedió a The New Yorker, que lleva visitando a un terapeuta desde 1982. Para el músico de Nueva Jersey, no sólo es una solución, sino una necesidad para los artistas, que producen sólo a partir de los sentimientos de insatisfacción. Su primer contacto con el psicólogo se produjo cuando estaba grabando «Nebraska», uno de sus álbumes más exitosos. «Los asuntos que me llevaron a ir no eran tan simples como el consumo de drogas –ha confesado–, eran más silenciosos, igual de problemáticos pero más silenciosos».
«A todos los artistas les pasa lo mismo: cuando estás en el escenario, una extraña corriente empuja a la autoanulación de uno mismo...Te liberas de ti mismo durante esas horas; se disipan todas las voces de tu cabeza. Se van, sin más, porque no hay lugar para ellas. Hay una sola voz, la voz que estás expulsando en el mismo momento del concierto», añadió.
Para Springsteen, la manera de hacer algo con valor artístico considerable es el sentimiento de disconformidad por la vida que se tiene, la no autocomplacencia.«Llevo 30 años en terapia y siempre pienso: no me gusta lo que veo, no me gusta nada de lo que hago, necesito un cambio, necesito transformarme. No conozco ni un solo artista al que no le pase eso. ¡Si estuvieras extremadamente satisfecho contigo mismo, no habría razones para escribir ni tocar! –continuó–. Brando no habría actuado, Dylan no habría escrito "Like a Rolling Stone". James Brown no habría gritado "Unh!", no habría reaccionado con ese golpe tan duro. La insatisfacción es una motivación, ese elemento que necesito para rehacerme a mí mismo, mi ciudad, mi público. El deseo de renovación».







