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Existen algunos cargos que no saben qué hacer ni decir para engrandecer la figura del líder del partido que le designó para el puesto que ocupa. Y a veces es tan destacado el peloteo que cae en el ridículo y la descalificación de quienes les escuchan en un acto protocolario.
Como ejemplo nos encontramos al consejero de Educación, Cultura y Deportes de Castilla-La Mancha, Manuel Marín, quien en el transcurso de un homenaje popular a Andrés Iniesta, en su pueblo de origen, Fuentealbilla, tomó el micrófono situado en el balcón principal del Ayuntamiento y, en el momento laudatorio para el pragonista, no se cortó un pelo asegurando que «Iniesta representa los valores que defiende el Gobierno de María Dolores de Cospedal». La respuesta del público espectador fue categórica: «fuera, fuera», dirigiéndose al señor consejero, cuyo rostro se tornó en un color encendido rabioso debido al bochorno de momento. Y es que en las mayorías de las ocasiones, cuando se lleva a cabo una representación oficial, conviene traer a colación la humildad de los inteligentes y dejar de lado los parecidos de afinidad, que nada tienen que ver con la realidad. Por ello, cuando el futbolista laureado se dirigió al paisanaje, fue jaleado como «presidente, presidente».
La anécdota jubilosa y enriquecedora la comenta con su agudeza peculiar la periodista de esta casa, Rosa Belmonte, que también quedó sorprendida por la adulación cargada de tintes políticos. Esperemos que para la próxima nuestro consejero se deslice por una línea oratoria que se limite a ensalzar tan solo al protagonista de la efeméride, sin comparación alguna con otras personas o personajes que poco tienen que ver, por activa o pasiva, con la biografía destacada.
Y que conste que lo de cargo lisonjero hacia la superiodidad se repite con bastante asiduida por estos territorios, hasta el punto de que María Dolores de Cospedal detesta tanta milonga cobista, según nos informan.







