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Toros / las claves de andrés amorós

¿Por qué se tardó tanto en cubrir Las Ventas?

El crítico taurino de ABC analiza las ventajas de una cúpula móvil en la Monumental de Madrid

Día 24/07/2012 - 14.16h

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Un giro inesperado vuelve a poner sobre la mesa un tema discutido mil veces y que parecía arrumbado: cubrir la Plaza de Toros de Las Ventas. Y, esta vez, con posibilidades de que el proyecto prospere, porque eso ayudaría a la candidatura olímpica de Madrid, que, además –detalle básico–, se haría cargo de los gastos.

La polémica – estoy seguro – volverá a surgir. Conviene señalar, ante todo, tres condiciones básicas:

1/ La cubierta no debe verse desde el exterior, para no dañar la imagen de la Plaza.

2/ No debe ser una cubierta fija sino móvil, que se pueda abrir y cerrar fácilmente, en poco tiempo.

3/ Las obras de instalación no deben impedir el desarrollo normal de la temporada taurina. (Otra cosa sería hacer un pan con unas tortas). Todo debe estar cuidadosamente proyectado para que se realice en uno o dos paréntesis invernales.

A partir de estas tres condiciones, que me parecen irrenunciables, nace la polémica. Muchos dirán que prefieren ver toros con «sol y moscas»: así suelen opinar los que rara vez acuden a una Plaza de Toros.

Es evidente que resulta mucho más estético, más acorde con la tradición y más atractivo ver toros en una Plaza sin cubrir. A cambio, las ventajas de una cubierta móvil son indiscutibles:

1/ Para los diestros, elimina el viento, ese peligrosísimo enemigo, huésped habitual de Las Ventas. También, el ruedo embarrado, con el riesgo que eso supone.

2/ Para el aficionado, la garantía de disfrutar de un espectáculo no barato en unas condiciones de comodidad que hoy nos parecen indispensables.

3/ Para el empresario, la posibilidad de utilizar más y mejor la Plaza, todo el año.

Es lógica la división de opiniones. La mía es muy clara: en el siglo XXI, empeñarse en mantener unas tradiciones perjudiciales para todos no tiene sentido. Prefiero ver los toros en Madrid sin cubierta, por supuesto. Pero me parece un avance clarísimo la posibilidad de que se cierre una cubierta móvil, cuando las inclemencias del tiempo lo aconsejen.

Fuera de este criterio dejaría sólo algunos cosos que son monumentos artísticos únicos: las Plazas de Sevilla y Ronda, por ejemplo, de fines del siglo XVIII. (Con todos los respetos, no es el caso de Las Ventas, poco anterior a la guerra civil).

La experiencia de los nuevos cosos cubiertos abona este criterio. Recuerdo bien la polémica de Zaragoza, cuando Arturo Beltrán planteó este tema . ¿Dónde quedó aquella discusión? Acudimos ahora todos –profesionales y público- a la Plaza de Zaragoza sin el temor a las ráfagas de viento del Moncayo; a Illumbe, en San Sebastián, sin miedo a la lluvia...

Está claro que la Fiesta no puede cambiar en lo esencial: un toro encastado y un torero valiente. En lo accidental, en cambio, ha de modernizarse, en muchos aspectos: la anchura y comodidad de los asientos; la seguridad y rapidez de los accesos; los aseos; los aparcamientos; las facilidades a abonados y público para informarse y adquirir entradas... El contraste de nuestras Plazas, hermosas pero vetustas, con los modernos estadios de fútbol es realmente sangrante.

La pura nostalgia no es buena consejera. En un clima extremado, como el de Madrid, plantearse una cubierta móvil para Las Ventas me parece muy lógico. La polémica está servida. Las dos posiciones, a favor y en contra, son respetables. Pero creo sinceramente que, si se acierta con la fórmula (los avances en la tecnología son, hoy, evidentes), nos preguntaremos todos, dentro de pocos años, cómo se tardó tanto en hacerlo.

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