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Se podría pensar que las cámaras digitales nos han hecho a todos fotógrafos y, a la vez, coleccionistas de imágenes, de recuerdos, de souvenirs. Captar la realidad se ha democratizado. Por un precio asequible, mirar, apretar el botoncito y... ¡Ya está!: lo que no nos pertenece, lo más cercano o lejano, lo tenemos apresado en una minúscula memoria de recuerdos casi infinitos. Ni tan siquiera hacen faltan los incómodos álbumes.
Con esa memoria que proyectamos en cualquier parte, más que adentrarnos en el espíritu de las personas –como pretendían los pintores y luego los fotógrafos clásicos– o en la monumentalidad o esencia de los lugares, nuestra máxima es recordar que hemos visto o mirado, y mostrar a otros que hemos estado allí.
Como tú o yo
El CCCB de Barcelona, en su nueva etapa política, nos presenta, heredada de la anterior, una exposición singular, de alguien «aparentemente» como nosotros. Alguien a quien, máquina en ristre, le gusta fotografiar a turistas en las más curiosas y grotescas actitudes, en posiciones irónicas las más de las veces, poco estudiadas. Alguien que fotografía las ciudades que visita –la Barcelona del Parque Güell, el Camp Nou de Messi y la Sagrada Familia de Gaudí no podía faltar–, sus anuncios de menús turísticos o la gente que toma el sol ardiente de las playas. Tópicos, sí, aunque Martin Parr no los retrate de manera tópica. Aunque a primera vista pudiera parecerlo, no es un turista el que toma la foto: es un fotógrafo –léase igualmente artista– que fotografía a los turistas y al mundo del turismo y los privilegia como presencias y lugares de excepción en nuestra contemporaneidad.
Tópicos, sí, pero Parr no los retrata de manera tópica. Es un fotógrafo el que toma la foto
Colección de «chorraditas»
Un tipo de archivo el de Parr que el artista exhibe y almacena estética y visualmente (como lo haría un etnógrafo desde un punto de vista científico) tanto para documentar la realidad inmediata (que se exhibe a modo de documento), como para dejar un testimonio o recuerdo –que puede parecer débil– para el futuro.
Esta relación entre presente y futuro, no solo la lleva a cabo a través de la fotografía de lo circunstancial –y, en primer grado, de lo banal–, sino también a través del coleccionismo de objetos ajenos que se hacen propios, como pueden ser las postales. Y lo hace como cualquier turista. Pero, en este sentido, el artista británico –no el turista– acude a los procesos de la historia natural y a sus métodos de recopilación, archivo y presentación de las «obras de la naturaleza» –que, en este caso, se podían calificar de «productos del turismo»– para dar sentido a su obra de colección, a sus ready made.
Nuestra máxima es recordar que hemos visto o mirado, y mostrar a otros que hemos estado allí
No hay que olvidar, como plantea el comisario de la exposición, que, a pesar de las diferencias instrumentales que se hacen evidentes en sus colecciones, estas obedecen a un determinado planteamiento estético que se basa en el absoluto dominio de la técnica fotográfica más que el acercamiento a posiciones que se podrían calificar de «pop».




