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Emir Kusturica lleva décadas alternando el cine con sus actuaciones con su banda The No Smoking Orchestra, y desde un lustro también con la ópera, o el teatro musical, como quieran llamarlo. Laureado por filmes como «Papá está en viaje de negocios», «Underground» o «La vida es un milagro», el cineasta y músico serbio está de gira estos días en nuestro país con su ópera punk «El tiempo de los gitanos», basada en su filme homónimo.
Estrenada en 2007 en la Ópera de La Bastilla, bajo el mandato de Gerard Mortier, ante Kusturica se abrió entonces un nuevo camino a transitar, en el que rompió todos los estereotipos posibles. Sorprendido por el éxito, fueron a haber la ópera 45.000 personas, y fascinado por una nueva forma de crear llegó a afirmar que estaba dispuesto a abandonar el cine para dedicarse solo a hacer ópera.
Una afirmación que no ha llevado a efecto, para alegría de sus seguidores. Kusturica asegura que lo que le atrae de hacer una ópera es su capacidad de abstracción, frente a lo limitado a la hora de realizar un filme. A pesar de su entusiasmo inicial, su siguiente proyecto de teatro musical esta llevando su tiempo.
Admiración por el escritor bosnio
Tras el esteno anoche, en la gala inaugural del Festival La Mar de Músicas de «El tiempo de los gitanos», confirmaba que estaba trabajando en una nueva ópera: la adaptación del libro «Un puente sobre Drina», del premio Nobel de Literatura Ivo Andric, un escritor bosnio por el que Kusturica siente verdadera admiración, hasta el punto de haber construido un pueblo, Andricgrad, para homenajearle.
La ópera que está previsto se estrene en 2014 en dicha localidad, es, de momento, una coproducción entre Francia, Italia y Serbia.
Preguntado sobre su relación con Gerard Mortier, Kusturica aseguró que era buena, y que estaría encantado de colaborar nuevmente con el director belga, que provocó su debut en la ópera.
Además de este nuevo trabajo musical, también está preparando dos cinematográficos: uno sobre «Pancho Villa», que se realizará en español; y otro filme que llevará por nombre «Verdiana», una historia moderna con música de Verdi.
Tractores, gansos y el Duomo de Milán
Pero el principal motivo que llevó a Kusturica ayer a Cartagena fue el estreno de su ópera prima, «El tiempo de los gitanos», que ha tardado cinco años en salir de gira mundial tras su estreno en París. El motivo: las dimensiones del montaje que ha habido que readaptar, sin cambiar nada de la esencia de la obra. «Es igual que el de París», aseguró.
Inspirada en su aclamado filme de 1989, la ópera cautivó anoche al público que llenaba casi por completo el nuevo y futurista Auditorio Batel, diseñado por el arquitecto José Selgas, nueva sede del festival que este año ha recortado su duración, pasando de cuatro semanas a diez días.
Sobre el escenario, más de 75 artistas, entre cantantes, acróbatas, bailarines, a los que se sumó un grupo de gansos (procedentes de Castellón de la Plana), que arracaron los primeros aplausos del público. La historia de amor entre los dos personajes principales, boicoteada por el tío del protagonista sirven de excusa para mostra la esquizofrénica relación entre el poder y el dinero de Occidente, frente a la miseria económica de aquellos que anhelan alcanzar ese mundo, y ven terminan siendo víctimas de la miseria moral: prostitución, venta de niños, violencia...
A lo largo de casi dos horas, Kusturica despliega todos sus mitos (rinde un homenaje a su ídolo Maradona) y sus fobias (Hollywood), a través de su personal universo musical y cinematográfico (separa las escenas con videoproyecciones). El amor y Dios son dos de los pilares sobre los que pivota la acción, que si bien no está exenta de momentos muy dramáticos que lograron conmover al auditorio, dejan siempre una puerta abierta a la esperanza. «La ópera para mi es una catarsis», confesaba el cineasta.
«Kusturicada»
La parte musical combinó la actuación en directo y sobre el escenario de su banda The No Smokin Orchestra, con la grabación de la orquesta original que se utilizó en París. Las canciones, muy pegadizas funcionaron en ocasiones como estribillo en una obra que compagina el rock, con el los cantos populares y la música clásica. Un crossover, en opinión del cineasta y músico serbio, y una kusturicada en opinión de otros.
En cuanto a la puesta en escena, donde aparentemente parece reinar el caos, Kusturica hace un viaje entre una aldea de Serbia (con tractor incluido) y Milán (el Duomo se convierte en un personaje más), que viene a representar la Europa añorada por muchos (ahora no tanto) que termina convirtiéndose en escuela de corrupción y miseria espiritual. Un argumento creado hace 25 años para el filme, y que, «por desgracia», sigue siendo actual.
El público agradeció con intensos aplausos y puesto en pie la función, que ahora espera seguir su camino en esta gira mundidal que acaba de iniciar. El equipo de producción está en conversaciones para presentar el montaje en varias ciudades españoles este otoño y en 2013.








