En Vídeo
En imágenes
Ya hay quienes creen que el régimen de Bashar al Assad tiene las horas contadas. La muerte ayer de varios altos responsables de la plana mayor de las fuerzas de seguridad sirias en un atentado suicida, y la aceleración de las deserciones en masa en el seno de las fuerzas armadas en las últimas veinticuatro horas, subrayan el rápido desmoronamiento de la fuerza militar con la que Assad trata de mantenerse en el poder a cañonazos.
La televisión estatal confirmó las muertes de al menos tres cargos clave de las fuerzas armadas sirias: el ministro de defensa, Daud Rayiha, su lugarteniente (y cuñado de Assad) Assef Shawkat y el asistente de la vicepresidencia, Hassan Turkmani, murieron cuando un suicida —presumiblemente alguien del entorno de seguridad— se inmoló durante la celebración de una reunión de primer nivel. El ministro del interior, Mohammad Ibrahim, resultó gravemente herido junto con un número no aclarado de personas, y su estado se desconoce.
«El atentado no quedará impune. Siria tiene la fortaleza que le dan sus soldados»
El ministro de información sirio, Umran Al Zuabi, aseguró que «Catar, Arabia Saudí, Turquía e Israel son las fuerzas que están detrás de este ataque». «El atentado no quedará impune. Siria tiene la fortaleza que le dan los cuatro millones de soldados de su ejército», aseguró.
Pero esa «fortaleza» podría estar evaporándose muy rapidamente. Ayer, activistas de la oposición informaron de la deserción de centenares de soldados en diferentes puntos de Damasco, incluyendo medio centenar de miembros de las fuerzas especiales en el castigado barrio de Qaboun, y una división de tanques en Qadam, liderada por un general al mando de la región sur de Damasco.
Miedo a las represalias
Los combates continúan en varios barrios de la ciudad. El ejército acumuló ayer un gran número de efectivos en el barrio de Mezzeh, cuya conquista abriría la vía hacia los dos puntos más críticos de la capital, el llamado Palacio del Pueblo, en el que reside el presidente, y el aeropuerto militar. Muchos opositores temen que en las próximas horas pueda desatarse una carnicería a modo de venganza por el atentado.
«Estamos siendo bombardeados con helicópteros y artillería, desde el monte Qasioun, donde está el palacio presidencial», asegura a ABC un activista llamado Jacob, portavoz del Comité de Coordinación Local del barrio de Tadamon, en conversación telefónica. «Más de treinta casas han sido totalmente destruidas, y la mayoría de los habitantes han huido del barrio. Los "shabbiha" [los milicianos al servicio del régimen] están en las inmediaciones del área, intentando hacer redadas y operaciones de búsqueda de opositores. El ESL está tratando de impedir que entren en el barrio, pero han logrado asaltar y saquear algunas viviendas», afirma.
«El ejército ha rodeado Damasco y no permite a nadie entrar ni salir»
«Hay un montón de desplazados, que tratan de refugiarse como pueden en los barrios en los que no hay combates. Hay francotiradores casi en cada edificio oficial, y lo que es peor, en lo alto de los hospitales. Están disparando a la gente que trata de recibir atención médica, y también a aquellos que tratan de evacuar en ambulancias o incluso en coches particulares», afirma. «Los funcionarios no han ido a trabajar hoy. Ha habido algunas manifestaciones, muy pequeñas y muy breves, pero es demasiado arriesgado, la mayoría de la gente está encerrada en sus casas», relata.
El Consejo de Seguridad de la ONU decidió ayer retrasar un día la votación de una resolución sobre Siria, por petición del enviado especial de este organismo para el país, Kofi Annan. «Existe margen para un acuerdo con Rusia», aseguró Annan, tras los contactos del alto diplomático con Moscú en los últimos días.










