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La puesta en libertad del conocido «narco» gallego Laureano Oubiña tras once años en prisión ha levantado ampollas entre las distintas instituciones dedicadas a luchar contra la droga en Galicia. A pesar de que su salida de la cárcel era un hecho después de que el pasado verano el Tribunal Supremo (TS) confirmase la decisión de la Audiencia Nacional, este 17 de julio quedará «marcado en negro en el calendario». Así es a juicio de la Fundación Gallega contra el Narcotráfico (Fgcn), una organización independiente. Su gerente, Fernando Alonso, no oculta su descontento y apunta a los dos juicios que tiene pendientes el «capo» y a su posible fuga. En su opinión, dadas las circunstancias «es exigible la aplicación de medidas cautelares que prorrogasen su estancia en prisión».
El escenario que describe Alonso no es nada alentador. Lejos de haber amainado, el narcotráfico a día de hoy cuenta con una estructura muy bien organizada, «ahora son transportistas especializados que cobran una comisión por cargamento y, muy a nuestro pesar, dados los resultados no lo están haciendo nada mal». «Antes -diferencia- eran empresarios y el flete era suyo, así que los beneficios eran íntegros para ellos».
Para quien significa que «vuelve a las calles un hombre que simbolizaba el poder de los señores de la droga», hace hincapié en «lo triste que es el día de hoy -por ayer- para la sociedad y la lucha contra el narcotráfico». En cuanto a la condena cumplida por Oubiña durante estos años no se olvida de que el «narco» tiene aún pendientes dos juicios que podrían suponerle estar entre rejas 14 años más. Tras recordar que la última vez fue localizado en Grecia por la Interpol, pide que no se cometan los mismos errores, y evitar así «que se marche antes de ser condenado».
Bienes patrimoniales
En esta misma línea, el gerente de la Fundación incide en un tema de especial interés, «hay en juego importantes pertenencias personales». Así, opina que debe ser prioritario que su patrimonio recaiga en manos honradas y no, como ya está sucediendo, que cuando salen de la cárcel, disfruten de los bienes». «La sociedad ha conseguido que estos sujetos no vayan con la cabeza alta, ya no son socialmente aceptados. En esto se ha avanzado, antes se era muy permisivo», asegura Fernando Alonso, quien ve un triunfo en la concienciación social.
Con respecto a alguno de los asentamientos que aún siguen vigentes en Galicia, como el de Penamoa, el gerente de la Fgcn afronta una actitud resolutiva, «el origen del problema es múltiple y las soluciones no pueden ser únicas. Desgraciadamente estos asentamientos son un ejemplo de la droga, pero no por desplazar un sitio vamos a solucionarlo».
El arousano podría enfrentarse a otros 14 años de cárcel
Ahora, el arousano Oubiña se enfrenta a otros seis años de cárcel por blanquear dinero procedente del tráfico de drogas, a través de la presunta compra de varias fincas junto a su esposa, Esther Lago, fallecida cuando el «narco» aún estaba en la cárcel.
La polémica está servida y no solo la Federación Gallega Contra el Narcotráfico censura su salida de prisión. Otras plataformas y asociaciones también alzan la voz. Este es el caso de Carmen Avendaño, presidenta y coordinadora de la fundación Érguete, quien en sus primeras impresiones se muestra comprensiva. «Me parece normal que Oubiña salga, ha cumplido los años que le tocaban», asegura no ajena a que «es un fanfarrón y tiene muchos abogados que han recurrido todas sus condenas». No obstante, sus palabras dan pie a una doble lectura cuando asegura que «otra historia es el nuevo juicio por blanqueo». No hace falta que confirme su esperanza de que el «capo» gallego vuelva pronto a la cárcel.
La presidenta de Érguete entiende que la vía para conseguir avanzar es aplicar políticas preventivas. «Desde la asociación trabajamos con niños, padres y profesores a los que mostramos la realidad tal y como es», señala para añadir que, entre sus programas, cuentan con convenios con varias empresas interesadas en su lucha y actuaciones concretas en puntos especialmente delicados como es el caso del poblado de Penamoa.
Con respecto a los cambios sufridos desde la desarticulación del clan de Oubiña, Avendaño no duda: «Las calles están mejor. Cualitativamente siguen existiendo drogas, pero su tráfico está más diversificado, no solo entran por Galicia, también por Cataluña, Andalucía, País Vasco...», comenta, al tiempo que destaca que son «empresarios los que dan dinero».
En la época en la que el narco gallego estuvo fuera de las calles no todo mejoró, «hay que dejar claro que Oubiña solo era una pieza del entramado». «Por ejemplo, yo siempre hablo del Pazo Baión, antes era todo miseria y basura y ahora lo tiene una empresa que empezó con 200 trabajadores y ya tienen más de 400, dan un 10 por ciento a familias que lo necesitan y están muy involucrados con los problemas de drogodependencia». «En esta dirección, los cambios son notables», sentencia.






