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Viernes 13, una película de terror en sesión continua y versión poco original

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El Gobierno ha sacado la motosierra para cortar el déficit público como manda Bruselas. Pero la gran reforma del Estado de las Autonomías sigue pendiente. O lo hace Rajoy o habrá que llamar a los hombres de negro

Día 17/07/2012 - 16.40h

La querella de Bankia ha confirmado que las huidas hacia delante son inútiles en la España actual porque la crisis corre tan deprisa que siempre termina atrapando a quienes sólo buscan atajos para alcanzar una salida de emergencia. No es que a Mariano Rajoy le caiga grande el Gobierno como empiezan a denunciar los enterados del «tendido 7». Ocurre que al Gobierno le está viniendo muy ancha la recesión y eso hace que el precio político de una ingrata gestión no sufrague el coste de un resultado desfavorable. Angelitos que uno pintase en demonios se convertirían.

Los problemas se perciben de manera distinta desde la cómoda poltrona de la oposición, no sólo la legítima del emoliente Rubalcaba sino también la de otros que siempre están a la espera de ver pasar el cadáver del enemigo, más si cabe cuando éste es correligionario de partido. Las críticas internas han curado de espanto a Rajoy como hombre precavido y descastado en sus relaciones de poder. El jefe del Ejecutivo fue el primero que advirtió a Rodrigo Rato de los riesgos que tenía para Bankia, y para el PP, la salida a Bolsa de una entidad financiera creada con los mayores delirios de grandeza a partir de un grupo heterogéneo de cajas de ahorros podridas hasta las trancas.

A los herederos de Caja Madrid les ha explotado la bomba en las manos por su afán pretencioso de vestir a la mona de seda y aunque el desenlace del pleito auspiciado por Rosa Díez y compañía se salde sin culpabilidades dolosas, lo cierto es que los imputados van a tener que sufrir un largo calvario bajo el estigma de una presunta negligencia con graves daños colaterales.

La investigación del juez Fernando Andreu va a destapar detalles muy escabrosos, de esos que enardecen la pasión de una sociedad deseosa de autos sacramentales. Las pérdidas acumuladas por los accionistas son leche derramada, pero la mancha será mucho mayor cuando se conozcan las retribuciones que percibían algunos de los gestores que ahora desfilarán por los tribunales en un proceso abierto durante los próximos cuatro o cinco años. Un plazo de tiempo que trasciende las fronteras de la legislatura y que obliga al Gobierno a levantar una muralla china entre el Partido Popular y el que fuera vicepresidente económico de José María Aznar.

Los golpes de pecho de dirigentes tan destacados como el fiel García-Margallo constituyen el funeral de condolencias con que Rajoy quiere dar por enterrado el caso Bankia. El muerto político al hoyo y el vivo al bollo, que ahora debe sustanciarse en hincar el diente a la estructura administrativa de un país al que se le está haciendo muy pesada la digestión de la crisis. Los recortes en serie al estilo Jack el Destripador solo han servido para echar carnaza a un monstruo insaciable que todo lo deglute. El leviatán particular de España reside en el obsoleto Estado de las Autonomías que camuflado bajo el insostenible Estado del bienestar produce un lamentable estado de malestar al conjunto de la ciudadanos, no digamos ya a los cinco millones largos de parados.

El incremento de la presión fiscal se ha demostrado como una solución ineficiente para resolver esa ecuación de segundo grado que obliga a garantizar la austeridad dentro de una estrategia de crecimiento económico. La subida del IVA es un imponderable de la cita a ciegas con Bruselas a la que España tiene que acudir para testimoniar su inquebrantable profesión de fe en el euro, pero lo que ahora está en juego es la conveniencia de bajar el IRPF, una contrapartida necesaria para el castigado bolsillo del contribuyente y la mejor forma de evidenciar que entre los populares también hay sabios deseosos de rectificar los errores políticos.

Luis de Guindos y Cristóbal Montoro se las han tenido tiesas esta semana hasta llegar a una solución de compromiso sobre el alcance de esa película de terror anunciada el pasado viernes 13. El ministro de Economía ha traducido a voz en grito el mensaje de Bruselas que su colega de Hacienda ha interpretado como mejor le conviene para sus objetivos presupuestarios a corto plazo. La sangría aprobada por el Consejo de Ministros es un intento desesperado de cuadrar las cuentas con motosierra porque el déficit público está disparado y las estimaciones de gastos crecientes e ingresos menguantes sitúan el agujero de este año en más del 7% del PIB. Con estos datos, está por ver si los halcones de Angela Merkel se darán por satisfechos o si, como es habitual, intensificarán su voracidad reclamando mayores sacrificios. En dicho supuesto Rajoy no tendrá margen ni coartada para desviarse de la hoja de ruta trazada por el alter ego de Mario Monti.

El tecnócrata italiano ha paralizado el desatino de mayores impuestos a cambio de soltar el lastre de una mórbida burocracia con decisiones rotundas como la supresión de la mitad de las provincias y la eliminación de un 10% de funcionarios. Demasiado para una España politizada hasta el tuétano pero donde ya no hay tocino que entresacar ni hueso que partir. Es necesario cambiar la pieza de corte. O se encarga Rajoy o habrá que llamar a los verdaderos hombres de negro.

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