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«Sálvame» en el Palacio del Elíseo

La crítica del hijo del presidente Hollande a su padre y a su compañera sentimental, Valérie Trierweiler, añade un nuevo frente al jefe del Estado francés y a su vida familiar cada vez menos privada

Día 13/07/2012 - 18.46h

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Elegido como presidente «normal», François Hollande está hoy envuelto en una maraña de conflictos familiares y sentimentales, con muchos flecos políticos, sin precedentes en la historia del más libertino de los palacios de Francia, el Elíseo, la residencia oficial del jefe del Estado.

La campaña de las primarias socialistas (otoño del 2011) y la campaña presidencial, la primavera pasada, transcurrieron sin un fallo, impecables e implacables.

Hollande y su ex y madre de sus cuatro hijos, Ségolène Royal, fueron rivales a la candidatura socialista. Ganó Hollande. Como cinco años atrás había ganado Ségolène, derrotada por Sarkozy en las presidenciales del 2007, cuando estalló la gran noticia político-erótica de la época: Ségolène echó de casa al padre de sus cuatro hijos, tras descubrir que Hollande tenía una amante, Valérie Trierweiler, periodista política, casada en segundas nupcias con el secretario de redacción de «París Match».

Triunfador en las primarias socialistas, Hollande se embarcó en la larga marcha que lo condujo al Elíseo contando con el apoyo de su ex, sus cuatro hijos y su compañera sentimental, convertida sobre la marcha en «consejera política».

La noche del gran triunfo de Hollande, el presidente electo de Francia celebró el acontecimiento del brazo de su compañera sentimental. Ségolène, por su parte, prohibió a sus hijos que se aproximaran a su padre.

Adiós a la discreción

Instalada en el Elíseo la pareja Hollande-Trierweiler, Ségolène siguió prohibiendo a sus hijos la mera visita familiar a su padre. Para Thomas Hollande, el mayor, abogado, fue un poco duro: él había dirigido la «célula» de comunicación de su padre, mientras duró la campaña electoral, finalmente victoriosa. El resto de los hijos de la pareja Hollande-Ségolène —Clémence (médica), Julien (cineasta) y Flora (estudiante de psicología)— también vivieron el alejamiento forzoso del padre con cierta amargura.

El comportamiento de Trierweiler en el Elíseo acentúo los enfrentamientos entre las dos mujeres del presidente. Ségolène fue candidata derrotada en las pasadas elecciones legislativas, cuando Trierweiler publicó su ya legendario tuit, apoyando políticamente al rival socialista que finalmente derrotó a la ex del presidente.

La traición

Ese tuit se transformó en un aldabonazo. Ségolène puso el grito en el cielo, lagrimeando ante las cámaras de televisión: «¡Me han traicionado y humillado!». Jean-Marc Ayraut, primer ministro, tuvo que «poner en su sitio» a la compañera sentimental del presidente: «Es necesario no confundir los géneros. Y asumir una cierta discreción».

Trierweiler acompañó a Hollande durante su primer viaje al extranjero. Y fue recibida por los Obama en la Casa Blanca. Semanas más tarde, sin embargo, la «first girl friend» de Francia —como la CNN bautizó a Trierweiler—, no podía ser recibida por la Reina de Inglaterra, cuyo protocolo impide la recepción de «compañeras sentimentales».

Así las cosas, Thomas Hollande terminó estallando: «El tuit de la compañera de mi padre ha sido algo inaudito. Ha destruido la imagen del hombre y presidente normal. Todo ha cambiado».

Con la franqueza del hijo que sufre el enfrentamiento de sus padres, Thomas Hollande ha dicho en voz alta lo que piensan el resto de sus hermanos.

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