Los arqueólogos británicos han empezado a rebelarse oficialmente contra los tratos que su Gobierno mantiene desde hace una década con los cazatesoros de Odyssey Marine Exploration (OME), con quienes Londres ha firmado un acuerdo para recuperar los restos y la carga preciosa del «HMSVictory», un barco hundido durante una tormenta en el Canal de la Mancha en octubre de 1744. Es bastante anterior, pero se llamaba igual que la célebre nave del almirante Nelson.
Los barcos de Odyssey operaban con el patrocinio británico
La Sociedad de Arqueología Náutica (NAS por sus siglas inglesas) es la asociación de referencia en un país cuya sociedad civil es muy activa. Y ha dicho a su Gobierno que cambie de política en un comunicado emitido el lunes.
«El Victory es un importante pecio y tumba de 1.100 marinos»
Quieren planes alternativos
Los arqueólgos de la NAS recuerdan que el contrato contradice la política del Reino Unido y «tenemos confianza en que el Gobierno no permitirá que continúe la investigación intrusiva del pecio». Al tiempo «esperamos que el Gobierno nos informe tan pronto como sea posible de planes alternativos sobre la gestión de este importante patrimonio cultural», de acuerdo con las buenas prácticas arqueológicas aceptadas internacionalmente.
Además de la carta de la NAS hay varias preguntas parlamentarias en la Cámara de los Lores sobre sus tratos con cazatesoros. Nadie entiende ya los extraños motivos que pueden justificar su apoyo irrestricto a Odyssey.
Carta inédita de la embajada en Madrid
«Pondremos fin a nuestra relación con Odyssey», prometió Londres en 2004
Ni España ha recordado al Gobierno de Londres esa promesa ni ha solicitado que rompan sus relaciones con la empresa OME a lo largo de los años de costosa batalla legal en EE.UU. contra los cazatesoros. De ahí que resulte mucho más valiosa la posición de los arqueólogos británicos. Lo cierto es que el contrato del Ministerio de Defensa británico con Odyssey repartía el botín rescatado con los cazatesoros, variando el porcentaje para cada uno en función del oro extraído. ¿Será igual que el contrato firmado para el «Victory» que se hundió con 4 toneladas de oro?
Lo cierto es que el Gobierno británico debería haber roto con ellos en lugar de volver a contratarles según ese compromiso. La carta confirma que Londres ha conocido y ha consentido tanto las actividades de Odyssey como las ambigüedades de las autoridades de Gibraltar, que siguen sin respetar la inmunidad soberana aceptada en EE.UU e internacionalmente.
El no respetar la inmunidad soberana de un buque de Estado, como era la fragata «Mercedes», puede parecer una minucia cuando siguen los roces de la policía gibraltareña con los pescadores en la bahía de Algeciras, pero esa ambigüedad destruye uno de los principios jurídicos fundamentales entre las potencias marítimas y demuestra en qué manos se encuentra el Estrecho de Gibraltar.









