En Vídeo
En imágenes
Siempre el estreno de un establecimiento como un Parador es una noticia excelente, pero cuando ésta se produce después de una década de esfuerzo y tras un año extraordiariamente duro en una ciudad como Lorca, entonces la apertura de puertas se presenta como una buena nueva inmejorable. La Reina es la encargada este jueves 12 de julio de «cortar» de forma metafórica la cinta del nuevo Parador de Lorca, un edificio que aglutina 13.625 metros cuadrados de historia, de retazos arqueológicos de un valor sublime y un entorno que respira relax y disfrute por los cuatro puntos cardinales. [Puedes ver en imágenes y por dentro el nuevo Parador lorquino]
Aunque es un proyecto cuyos cimientos comenzaron a asentarse en 2001 con la idea original y se formalizó hace ahora diez años bajo la tutela del arquitecto Carlos Fernández Cuenca, es este mes de julio cuando el Parador que se encarama como una atalaya junto al Castillo de Lorca es una realidad. Sus 76 habitaciones -65 dobles, nueve suites de salón y dos más adaptadas para los minusválidos-, su piscina cubierta, su zona de relax, sus salones panelables para convenciones, y su cocina de primer nivel, con productos recién extraídos de la huerta murciana y que saltan directamente al plato, lo convierten en una pieza maestra dentro de la red de 94 (con éste) Paradores Nacionales.
En este organismo comentan a ABC.es lo que supone la inauguración de un establecimiento hotelero de cuatro estrellas como el que nos ocupa, que se convierte con celeridad en una referencia hotelera dentro del panorama turístico no solo de la ciudad, sino de toda la Región. El repunte económico va ligado a su andadura, siendo un foco de atracción al turismo municipal y autonómico, además de que conlleva la creación de 42 puestos de trabajo directos y algunos más indirectos que no es baladí en los tiempos que corren. En este caso, además, su apertura tiene una significación especial cuando se ha cruzado el primer aniversario de los terremotos del 11 de mayo que sacudió las almas y los inmuebles de todos los lorquinos.
Por fuera...
El Parador de Lorca se alza con unas vistas privilegiadas en lo alto de la ciudad, integrado perfectamente con su derredor natural y monumental. Durante las obras de su construcción, los operarios se toparon con otros tesoros inesperados: localizaron importantes restos arqueológicos que aúnan tres culturas, la islámica, la cristiana y la judía. Así, hoy en el edificio uno puede encontrar un museo accesible que cobija desde un aljibe islámico utilizado como polvorín en el siglo XIX, hasta restos de construcciones islámico-califales de los siglos X al XI. Sobresalen otros descubrimientos como la torre Alfonsina, la ermita de San Clemente, el Patio Estrellado, las casas judías denominadas VI y VII y una muralla almohade del siglo XIII. Junto a estos hallazgos, se ubica también una sinagoga del siglo XV que queda dentro del propio Parador y que puede ser visitada por el público. Estos restos otorgan «un valor añadido» al recinto del Castillo, de gran importancia histórica y uno de los lugares más significativos de la ciudad lorquina, ya que encarna el encuentro de las tres culturas que moraron en Lorca y que propició que este enclave fuese declarado en junio de 1931 Bien de Interés Cultural (BIC).
En la obra se han invertido unos 37,5 millones de euros, 4,1 millones de los mismos se debieron consignar tras los terremotos del año pasado. En sus emplazamientos se ha tenido en cuenta un aprendizaje básico, sacado de esos luctuosos acontecimientos: se han reparado los elementos dañados por los seísmos de 2011 y se han reforzado las fachadas y cubiertas, los aislamientos, los trabajos de albañilería y carpintería, además de revestir con mármol los baños, ahora con anclajes ocultos que evitarían sus desprendimientos en un supuesto terremoto.
Se extrajeron lecciones de los seísmos y se han aplicado a la construcción del inmueble
Por dentro...
La penúltima de las acogedoras sorpresas que reserva el nuevo Parador de Lorca para el visitante es su confort. Las estancias son amplias, modernas y con una decoración a prueba de los gustos más exquisitos. El edificio se asienta sobre un diseño contemporáneo y elegante, a la par que tradicional con las paredes de piedra que dan sensación de calidez y amplitud merced al uso de la madera. De este modo, encajan como partes de un todo a la perfección el acero de las placas con la piedra de la excavación, la madera que reviste la ornmentación del lugar y las cristaleras con vistas únicas que cercan el inmueble y que permiten gozar de luz natural en todos los espacios.
Más detalles que invitan a hacer una «escapada» a este enclave: muebles de líneas suaves, cuidada iluminación compaginada con las últimas tecnologías, elementos decorativos sobrios como artículos rústicos (un arcón de novia, candelabros de hierros, repostero de talla, unas fraileras...) y las camas de dosel en las suites con bandó sobre las cortinas con dibujos geométricos variados. Y un regalo para los ojos: un triple mural de pizarra, tres piezas de piedra de Calatorao de magnas dimensiones.
El mobiliario más confortable
Valga también el mobiliario del que está dotado el edificio como muestra de la atención que se ha prestado a cada rincón del lugar: hay varios salones multifuncionales y panelables destinados al turismo congresual, además de otras celebraciones sociales, también existe un salón comedor de 375 metros cuadrados con acceso a la terraza exterior, de otros tantos metros de extensión, un salón de convenciones y eventos de 553 metros cuadros divisible en tres espacios, además de otros dos salones polivalentes de cien metros cuadrados cada uno. La cafetería con techo abovedado es una prebenda para la tertulia y el encuentro, además de un completo restaurante y de varios espacios reservados al deporte y la relajación del turista y visitante. En estos últimos, el inquilino del Parador puede darse un revitalizante circuito por los tres vasos ovalados (uno con hidromasaje, cascada de agua y estaciones de masaje; otro con agua caliente y el último, una ronda de agua fría). También puede pasar por una sesión de talasoterapia (con caldarium, baño de vapor, cabina de hielo, sauna y ducha), el gimnasio y los puestos de masajes individualizados.
Y, como no podía ser de otro modo, en el restaurante del Parador, el visitante se relamerá con la riqueza culinaria de la Región y sus recetas elaboradas con alimentos con Denominación de Origen, como el arroz de Calasparra, el pimentón de Murcia o la riquísima pera autonómica y caldos reconocidos como el vino de Jumilla, Yecla y Bullas. Un placer gastronómico con el que que también se quiere rendir homenaje al mestizaje cultural a través de platos típicos kosher y con reminiscencias de la herencia judía.





