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Galicia / ANÁLISIS

Diputaciones políticas

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Día 12/07/2012

Hace unas semanas, durante un acto celebrado en la capital gallega ante la presencia del presidente de la Xunta y de personalidades de la sociedad civil como Mario Conde, el presidente de la Diputación ourensana propugnaba la revitalización de las cuestionadas diputaciones provinciales mediante su reconversión en otras instituciones políticas, intermedias entre la Xunta y las entidades locales. Con tal consideración política de elección directa ganarían legitimidad, según el orador.

El sufrido contribuyente pensará: «Lo que nos faltaba, éramos pocos y nos parió la abuela». Cuando resulta evidencia de razón para cualquier persona lúcida que en España en general y en Galicia en particular lo que sobran son políticos, ahora la casta insaciable pide más y más. Este modesto comentarista cree, y así lo defiende siempre que le dejan, que en el hipertrofiado Estado español no deberían desaparecer las originarias diputaciones, sino las posteriores CCAA, causa principal de la gran mayoría de nuestros actuales desastres políticos, culturales, económicos y financieros.

Que «lo político», sobre todo en el equívoco y degradado concepto español, es ya excesivo sin justificación alguna, se mire como se mire y se hagan las cuentas como se hagan. Así, las Diputaciones deberían mantener una eficaz racionalidad administrativa a la vez que escasa política militante. Porque, en última instancia es el servicio público contrastado la fuente de legitimidad de instituciones territoriales como las diputaciones, no que sus próceres se elijan en listas cerradas entre lo menos malo y lo peor.

Hace pocos años en el ejercicio profesional para la concesión de la oportuna licencia municipal de obras presenté un proyecto de infraestructura energética lineal en un pequeño ayuntamiento lucense. Después de semanas de espera me indicaron muy amablemente que debido a que el concello carecía de medios técnicos especializados se lo habían pasado para informar a un consulting que resultó ser de… ¡la competencia! De modo que quien habría de informar oficialmente del proyecto presentado en el concello era una empresa de la competencia directa a la que yo representaba en esa gestión.

Al menos mientras llega la imprescindible concentración municipal, no menos necesaria y urgente que la parcelaria, las diputaciones pueden y deben mantener importantes roles de servicio público. Aunque no sabemos qué opina Merkel.

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